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Archive for the ‘Cuentos’ Category

Seguramente muchos bloggers tienen ya un post dedicado a la Boda Real del Año, la del Príncipe William y la de Kate Middleton y yo me sumaré a ellos, pero no como fan de la realeza –aunque sí de la moda y de su hermoso vestido diseñado por Alexander McQueen- sino porque es una historia que nos resulta bastante cercana a muchas  princesas “plebeyas” que busquen a su Príncipe.

Todo lo que tenga que ver con Príncipes y Princesas nos recuerdan a los cuentos de la infancia, legado de muchos cuentistas del siglo XVII y en el siglo XX y XXI de Disney. Pero a diferencia de los cuentos, los Príncipes de “carne y hueso” de hoy no andan a caballo sino en autos de lujo blindados, en vez de capas largas usan lo más fashion y elegante, no tienen un reino sin nombre, ni tampoco se fijan en la mugrosa pobre o en la chica adormilada o en la que tiene un raro defecto. (Así que quienes tengan estas características, por favor, abstenerse).  Los Príncipes de hoy, tienen el tiempo suficiente, mientras son jóvenes, para andar de fiesta en fiesta, de vacaciones, saliendo con lindas chicas –y muchas- sin importar si son de la realeza o no.

En cuanto se repitió la historia del príncipe con la plebeya, en la boda de Kate Middleton y el Príncipe William, recordamos varios ejemplos como el matrimonio de Eduardo de Gales con la plebeya divorciada Wallis Simpson, aquello fue todo un escándalo cuando él  renunció al trono “por la mujer que amo”. También el caso del Príncipe Felipe de Borbón cuando se casó con la plebeya Letizia Ortiz, que además de ser divorciada, inspiró un cuadro del pintor Waldo Saavedra donde aparece una mujer con su rostro y el torso desnudo. Su boda fue majestuosa y con toda la pompa real, sin importar sus vidas pasadas de plebeya y amoríos fugaces. Ahora, también tenemos al príncipe Alberto de Mónaco, quien después de tanto cotizarse (hasta pensaban que era homosexual) tuvo dos hijos sin casarse, uno con una azafata sudafricana y otro con una camarera, como cualquier plebeyo y para seguir en su gusto, se comprometió con Charlene Wittstock, una nadadora sudafricana pero con mucha clase, a quien sí hará princesa.

Después de estas historias, pensaremos que es relativamente fácil casarse con un príncipe, y la belleza no es condición sine qua non porque Wallis Simpson no era precisamente una beldad, ni tampoco muchos príncipes o princesas de sangre lo son. Si sus familias tienen dinero o no, tampoco es impedimento como lo fue en su momento Mette-Marit de Noruega y Letizia de Asturias que provenían de familias sin gran fortuna económica y mucho menos importa ahora tener un pasado intachable y de buena reputación, ya que divorciadas, también ser aceptan.

¿Qué tienen “esas” plebeyas para “enamorar” a un príncipe?

Las condiciones tan estrictas de las monarquías europeas se han flexibilizado en cierta manera, al aceptar que “plebeyas” o “plebeyos” se mezclen con sangre real, pero ¿qué hacer para lograr el objetivo? Respuesta: Frecuentar los mismos círculos sociales que la realeza y tener la “inteligencia”  -si es que es que se trata de eso- suficiente como para “enamorar” al monarca en cuestión.

Pensemos en la historia de amor de Kate y William: 10 años de conocerse terminaron en boda real.

  • Compartir el mismo círculo social

Su primer punto de encuentro fue la Universidad de Saint Andrews. No cualquiera entra a esta Universidad, tan sólo el año escolar (si no eres ciudadano del Reino Unido) cuesta 12,600 libras y si eres ciudadano de la Unión Europea, tienes un poco de más suerte pero igualmente su precio es muy alto. Además del selectivo proceso de admisión de esta Universidad, es importante coincidir en estudiar la misma carrera; ambos estudiaron Historia del Arte aunque el Príncipe William se cambiara a la carrera de Geografía tiempo después.

  • Tener algo especial

A Kate Middelton le bastó estar en el mismo curso que el Príncipe William para que él pusiera por primera vez sus ojos en ella. Digamos que le llamó la atención: “Cuando la conocí, enseguida supe que había algo muy especial en ella” fue lo que respondió el Príncipe William en la entrevista que la pareja concedió cuando anunciaron su compromiso en noviembre de 2010.

  • Ser una amiga y tener ese je ne sai quoi que sorprenda

Lo que inició con una amistad continuó hasta compartir el alojamiento cuando ambos se mudaron con unos amigos y ella se convirtió en su confidente y quien lo alentara a continuar sus estudios en St. Andrews aunque ya no en la misma carrera. Poco a poco la amistad cambió en algo más y el Príncipe William se quedó atónito cuando Kate desfiló con ese vestido negro transparente. Definitivamente Kate tiene ese je ne sai quoi que logró que el Príncipe William no pensara en nadie más que en ella.

  • Estilo, clase, educación e inteligencia

El estilo de Kate Middleton, creado o no, es sin duda uno de los más trendy y copiados por las jóvenes. Simplemente su vestido de Issa azul índigo con el que apareció el día en que fue anunciado oficialmente su compromiso con el Príncipe William se agotó casi inmediatamente después de la entrevista a los medios.

Además de haber tomado clases de protocolo, la familia Middleton, que en sus inicios fue de clase media, logró una fortuna que les permitió inscribir a sus hijos en prestigiosos colegios y darles una educación de élite; así que con la realeza no ha tenido problemas por su comportamiento, justo una lady like.

Y si hablamos de inteligencia, se sabe que fue una excelente estudiante que se graduó con honores de St. Andrews y algo característico de su personalidad es que durante su noviazgo con el Príncipe William fue discreta y reservada.

  • Paciencia

Después de tantos años de noviazgo, la prensa comenzó a llamarla “Waity Katie” ya que muchos pensaron que no llegaría a ser princesa,  sobre todo cuando terminaron en 2007 y al Príncipe se le vio salir con muchas chicas durante este lapso que no estuvieron juntos.

Honestamente se tiene que ser muy pero muuuyyy paciente para soportar a la acosadora prensa, tener una vida privada bastante pública por ser la novia de un monarca y además tolerar todo tipo de publicidad nociva a la relación, como fotos de infidelidades por parte del príncipe, críticas a ella y comparaciones con Lady Di. Hasta se puede pensar, que todo ello motivó su separación.

Seguramente el príncipe no encontró entre sus muchas “amigas” y fiestas otra como Kate y reiniciaron su noviazgo. Conforme su relación adquiría mayor formalidad, dicen que el Príncipe Carlos le dijo a su hijo, “si regresas con Kate es para casarte, si no, no le hagas perder su tiempo” y tal fue la reacción del Príncipe William que decidió comprometerse con ella y le otorgó el anillo de compromiso de su madre. Un gran honor pero también una gran responsabilidad.

  • Dejarlo “todo” por amor

¿Se puede? Yo pienso que sí. Finalmente el amor todo lo puede y todo lo soporta, ¿no? Creo que no fue fácil después de 10 años de conocerse y de todo lo que pasaron juntos y no; del tiempo de su ruptura; de las infidelidades de él; de su carácter; de sus muchas actividades reales y de sus frustraciones familiares. Sin embargo, por fin él se dio cuenta que ella era The One y con ello, Kate ha tenido que aceptar el protocolo real, dejar de lado su carrera profesional para “trabajar” como esposa del Príncipe William, no comer mariscos, no tener derecho a voto, terminar su plato cuando la Reina Isabel II lo haya hecho, cuidar más que nunca su imagen porque ahora es miembro de la realeza, no hacer declaraciones que antes no hayan sido aprobadas por la corona inglesa y tener los ojos del mundo encima de ella.

 

Los Príncipes sí existen. Kate Middleton encontró al suyo, ¿fue el destino? ¿Su belleza y personalidad? ¿Sus circunstancias? Puede ser, pero aunque ella no se hubiera casado con su Príncipe, de todas maneras ella seguiría siendo una “princesa” como el resto de todas las mujeres. El príncipe para cada una es aquél que se dé cuenta de que eres The One, la única; aquél que esté plenamente enamorado de ti y te quiera regalar el mundo entero.  

la boda de kate middleton y william beso Y vivieron felices para siempre –ojalá-.

Fuentes de información:
http://vanidades.esmas.com/realeza/316626/realeza-del-siglo-xxi

http://www.emol.com/especiales/2011/coberturas-especiales/accidente-juan-fernandez/kate.asp

http://www.protocolo.org/social/bodas/kate_princesa_pero_solo_del_pueblo.html

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COMO MÉXICO NO HAY DOS

 Cuento

 

¡Vamos! ¡Apresúrate, que tenemos poco tiempo!- Recuerdo perfectamente las palabras de mamá cuando llegué de la escuela. -¿Qué pasa, qué sucede?- contesté de inmediato. Por un momento el ambiente de ajetreo que circulaba en casa, se detuvo, para escucharse un silencio interrumpido por papá, al decir con voz serena y jubilosa: -Nada, hija, no pasa nada, solamente que me han nombrado Embajador esta mañana y tendremos que partir lo más pronto posible.-

            Me quedé sorprendida y pensativa a la vez y en tono suplicante y de reproche, exclamé: -¡Pero  papá…! – No hay pero que valga, el trabajo es primero, de éste depende el bienestar de todos ustedes, y tendrán que seguirme a donde yo vaya-  Con esta contestación mi padre me dejó sin habla, rompí en llanto; mi madre, buscando palabras de consuelo me dijo: -Anda nena, arregla tus cosas que debemos partir. Piensa que tendrás nuevos amigos y conocerás bonitos lugares. –Sí mamá, conoceré a miles de personas más, pero ¿qué pasará con mis amigos? Me he acostumbrado tanto a ellos…-

 

No tuve más remedio que resignarme a las órdenes de mi padre, así que preparé mi equipaje, sin tiempo para despedirme de mis amigos.

            El viaje hacia el Viejo Continente me pareció interminable, aunado a la nostalgia que me embargó al dejar de ver a lo lejos el territorio mexicano, la tierra donde nací, pero por más que lo deseara, no sabía cuándo lo volvería a ver.

            Finalmente llegamos, bajamos del avión, y por lo que pude leer en los folletos turísticos este país es agradable: la metrópoli de los perfumes y del glamour. No obstante, cada minuto que pasaba, extrañaba más a México.

            Transcurrió una semana para que iniciara las clases, ya que estábamos instalándonos en la nueva casa.

 

El primer día de clases, fue el peor de toda mi vida; pues llegaba a un país extraño, frío, donde la gente come, viste y tiene costumbres muy diferentes a las mías. Pareciera que estaba en otro mundo, todo era tan raro…No entendía lo que la gente me decía o si me insultan, no tenía amigos, ya que no conocía su idioma. ¡Cómo odié a mi papá en ese instante en que me sentía tan sola y tan extraña!

 

Ya han pasado seis meses desde que llegamos y con tristeza reconozco que en verdad extraño a México: mi escuela, mis amigos, su gente…

            Con desconsuelo vienen a mi memoria los homenajes que aún hacen en mi antigua escuela, cuando cada lunes pasaba frente a mí nuestro Lábaro Patrio, y yo, al igual que mis compañeros, charlábamos entretenidas de nuestras aventuras juveniles en fin de semana ¡cómo añoro esos momentos! ¡Qué diera por vivirlos una vez más! Ver pasar frente de mí a esa hermosa Bandera y saludar a la voz de “Saludar ¡Ya!” Verla con sus tres colores radiantes: el Verde, la independencia; el Blanco, la religión y el Rojo, la unión. La Bandera es el símbolo más importante, pues nos representa en todo el mundo.

            ¿Por qué hasta ahora empiezo a sentirme más mexicana? ¿Por qué fuera de mi país y no dentro de él? Tal vez sea porque sólo de esta manera nos damos cuenta de lo rico que es nuestro México, por la calidez de su gente, sus desiertos, bosques, valles, mares y sobretodo por su cultura. Cultura, que sólo algunos países gozan el privilegio de poseer.

            Mi México tiene una gran Historia, llena de riqueza; basta sólo conocer la leyenda de nuestro Escudo Nacional, ésta da testimonio de la grandeza de su pueblo y sus raíces.

            Hasta ahora sé que el águila para los Aztecas simbolizaba el Sol, mientras que la serpiente representaba la Noche; que había un dios de nombre Huitzilopochtli, quien les anunció que fundaran su ciudad donde encontraran como seña a un águila postrada sobre un nopal, devorando a una serpiente. De tal modo, que los Aztecas no descansaron hasta encontrarla, siendo en el año de 1325, fundando la gran Tenochtitlan. Esto revela el fervor del mexicano, y su resistencia, rasgos característicos de hombres fuertes y perseverantes.

            Es increíble, pero únicamente estando tan lejos hasta he llegado a extrañar las intransitables calles de la Ciudad de México, su conglomerado metro por las mañanas, los tianguis con sus comerciantes ambulantes, los puestos callejeros con un sinnúmero de antojitos mexicanos… Bien dice el dicho: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”.

            Es tarde y me tengo que dormir; mañana iré a la escuela a convivir con jóvenes que poco entiendo, que no tienen mis costumbres, ni mi cultura.

            Ayer se rindió homenaje a su bandera, admiro el fervor con que lo hacen, el respeto que muestran ante sus Símbolos Patrios y mientras ellos cantaban con júbilo la Marsellesa, yo en silencio entonaba “¡Mexicanos al grito de guerra! ¡El acero aprestad y el bridón, y retiemble en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón!”

 

 

Octubre 1998

APRENDER A AMAR A MÉXICO

 

Era de noche, había sido un día tranquilo. Cerca de las once veía el noticiero, en el cual anunciaron que México tenía conflictos sobre pobreza, educación y economía, cosa que me preocupó. Al dormirme soñé…

Un día radiante, estaba yo en el cielo, sí, en el cielo con profundo azul claro y sus nubes blanquecinas de diferentes formas, reflexionando acerca de lo que escuché; ví a un niño que venía cansado y parecía desde lejos un indígena porque traía morral y señas particulares, que lo caracterizaban como tal. El niño gritaba: -“¡Tengo hambre! ¡El campo ya no produce! Además, no sé leer ni escribir, ¿cómo buscar un trabajo?”-

El muchachito estaba totalmente decepcionado de su vida, yo no podía creer lo que el niño decía. Eran verdaderas las noticias que pasaron en la televisión, pero con una diferencia, el indígena lo decía enojado, con furia y pena; en el noticiero lo comunicaron tal vez con un grado de preocupación, pero no tanta como la de él. La verdad estaba desconcertada, no sabía a quién hacerle caso, pero lo que más me dolía, era que en las dos situaciones se decía la verdad, aunque fuera con mucho o poco remordimiento.

El pequeño, sentado en una nube gritaba: -“¡No sé ni pa’que sirven tantas cosas que tiene México, como la Bandera que unos hipócritas honran sin quererla!”- Sentí un escalofrío bárbaro por todo el cuerpo al oír aquellas palabras, que en realidad hablaban muy desanimado de la Patria.

Entre las nubes, muy lejos de nosotros, ví cómo un pedazo de tela se movía, al acercarme, no té que tenía colores, difícilmente llegué a distinguirlos, eran: verde, blanco y rojo. Al llegar el trozo de tejido hasta donde estábamos sentados logré ver a nuestra Bandera, con su asta muy recta y sus colores radiantes; el verde era luminoso como el de las hojas de los árboles de la Tierra; su blanco, verdaderamente hermoso, se confundía con el de las nubes; el rojo, tan profundo como la sangre que derramaron los Aztecas y en medio del blanco la Leyenda hecha realidad.

La Bandera se encontraba frente al niño y ésta le dijo: -“¿Por qué hablas así de mí? Yo casi te he dado de comer, no tienes derecho a hablar de esa manera. Como dices, es cierto que hay falsos que me vanaglorian sin quererme, pero no seas uno de ellos, quiéreme, porque aunque no comas, o siempre te aceptaré como mexicano?”- 

La criatura le dijo: -“Entonces aquellos falsos no deben llamarse mexicanos, pero sin embargo todo el mundo les dice así.”- Nuestro Lábaro Patrio escuchó atentamente las palabras del campesino, que por cierto era el más pobre de México.

En eso, con mucho miedo, me atreví a hablar: -“Amigo mío, sólo te diré unas palabras: El mexicano no es sólo quien nace o se cría en nuestra Nación, sino quien la quiere, reconoce su historia y hace un esfuerzo por sostenerse. Estoy segura que a pesar de esas decepciones que tienes tú de él, yo sé que lo quieres, porque al ver a los Voladores de Papantla o al escuchar el Jarabe Tapatío, dices ¡Ese es mi México! Ya que tenemos una cultura envidiada por países desarrollados en tecnología y economía.”-

La Bandera me preguntó: -“¿Y tú, de dónde leíste esas palabras tan hermosas?”- Riéndome entre dientes, contesté: -“Por favor, Bandera amada,  no las leí de ningún libro, lo único que hice fue sentirlas con el corazón. Por eso te digo compañero, que no necesitas leer o escribir para amar a México, a tu Patria, sólo debemos comprender la Leyenda ensamblada en esa franja blanca, para entender la grandeza del pueblo mexicano.”-

A todo esto, el indígena escuchaba mis palabras y las de la Enseña Nacional, pero cuando dejé de hablar, éste replicó: -“¡Yo lo que necesito es comer, no amar a México!”-

La Bandera y yo nos quedamos pasmadas, ante sus palabras; cuando llega gritando el Escudo Nacional, gallardo y vanidoso: -“¡Para poder comer, indígena, primero tienes que conocer la gran Historia que empapa a nuestro país y gracias a ésta eres un ser libre!”-

El Escudo le contó al mexicano, la Leyenda de Tenochtitlán, que se supone que todos conocemos. A éste le gustó mucho, pero sin embargo, volvió a replicar: -“¡Lo que quiero es comer, no amar a México!”-

Cuando me dediqué a tomar la palabra, no sé qué pasa pero de repente, se abre la nube en la que estábamos, de donde se veía el gran territorio mexicano. Yo, con temor a caerme, me sostuve con una mano de uno de los nopales del Escudo Nacional, estaba demasiado alto, y cada vez el abismo era mucho más grande, solamente me sujetaba el nopal para no caer de la nube, y así no perder la vida, aunque sólo fuera un sueño.

Mi mano estaba ensangrentada y sentía mucho dolor, la única solución que tenía era despertar. Pienso que el dolor o el pánico me hicieron reaccionar. En la mañana, noté que en la palma de mi mano derecha tenía un agujero angosto, lo curioso era que no me dolía, aunque tenía poca sangre, ya seca. Quizá eso repercutió en que en el Escudo sobre uno de sus nopales se ve una curvatura.

Me impresioné tanto de este sueño que decidí escribirlo, para no olvidarlo, y compartirlo con alguien más. Lo que más me gustó de éste, fue que concluí algo muy importante: para ser mexicanos tenemos que “Aprender a Amar a México”.

 

Octubre 1997


MIS PALABRAS EN …

DB

Este blog tiene como mero propósito expresar mi opinión sobre temas que son de mi interés, mismos que van desde la política, la ciencia, los deportes, las artes, la pareja, los sentimientos, hasta las cosas más superficiales como la moda, programas de TV y la astrología. En fin cualquier tema en donde me vea involucrada y que necesite una reflexión sobre el mismo. Trato esta ”necesidad” como algo imprescindible en la vida del ser humano, que siendo un ente social no podemos quedarnos aislados sino que forzosamente interactuamos, no importando las distancias, las soledades, los idiomas, las ideologías, las culturas, las fronteras, no importando si estamos en una isla desértica o en el país más pobre, todo gracias a Internet.

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