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Archive for the ‘Política’ Category

The World Press Photo ha llegado a México una vez más en el Museo Franz Mayer, el domingo 3 de octubre fue su último día y con largas filas para entrar y para recorrer la exposición pude observar las fotografías ganadoras tomadas en 2009 de las diferentes categorías: Noticias, Historias, Noticias en General, Gente en la Noticia, Deporte y Acción, Eventos deportivos, Asuntos Contemporáneos, Vida diaria, Retratos, Arte y Entretenimiento y Naturaleza.

El fotógrafo tiene la experiencia de estar en el momento preciso donde ocurre el evento –impresionante- para dar “clic” a su cámara o bien lo propicia en su arte de crear historias mediante la secuencia de imágenes, pero siempre resulta ser un “filtro” para leer la realidad porque al final de cuentas, vemos lo que el fotógrafo retrata, resultando un abstracto que en su lectura tiene mucho qué decir.

Las personas que no nos dedicamos al arte fotográfico  y que poco sabemos de las técnicas y tratamientos, este tipo de exposiciones nos acercan a esa óptica de los fotógrafos-reporteros famosos que bajo su lente presentan historias que pudieran ser “comunes” o de todos los días, pero que ellos las distinguen y nos hacen reflexionar, mediante esas expresiones de los “personajes” (que en ese momento fueron personas o animales o cosas pero que ya después de la toma se convierten en un retrato que fue sacado de la realidad para permanecer).

Esto de las expresiones me parece fabuloso porque para mí cada foto es un abstracto de la realidad como si ésta fuera una novela y el retrato sólo un capítulo que congela el instante pero que detalla en gran medida toda la historia. No obstante, también tiene el “truco” del autor (fotógrafo), pues como lo que pasa con los pintores, vemos a través de lo que el artista quiere que veamos y eso a la larga resulta un poco pernicioso. Ver lo que alguien quiere que veamos sin la libertad de elegir qué ver de toda la realidad nos rompe de cierta manera una parte de la connotación pero a su vez nos enfoca –y ese es su propósito- hacia determinada interpretación. La fotografía es el indicio y el observador simplemente interpreta. 

En este sentido, una de las fotos donde está sumamente marcado esta cuestión del enfoque que quiere el fotógrafo es la de Farah Abdi Warsameh (Somalia) donde un hombre de 48 años es lapidado en Afgoye, a 30 kilómetros de la capital de Somalia, Mogadishu, culpable de adulterio por la Sharia local.  Al hombre primero lo entierran verticalmente quedando debajo  la mitad de su cuerpo y sus manos y teniendo a nivel de tierra la cabeza para comenzar a arrojarle piedras una docena de hombres más hasta matarlo. El cuerpo ensangrentado de la cara, sin vida, lo desentierran y le arrojan una piedra más. Atroz.  Ver imagen.

Aquí no sabemos la historia, no sabemos si en realidad este hombre merecía una muerte de esa manera, sólo sabemos cómo se retrata su muerte, la cual nos parece terriblemente trágica y “salvaje”; esto es porque sólo hemos visto lo que el fotógrafo quiere, sin saber qué hay más detrás. Hacemos una connotación parcial de una realidad “truncada”, con mayores elementos presenciales, verbales, históricos y culturales, la óptica (tal vez) cambiaría y probablemente no nos parecería tan desgarradora esta imagen. No lo sé ni lo sabremos, el momento ya pasó y las personas retratas son ahora simples “personajes” de esta historia. Pudiera ser también que hasta actuemos con cierta indiferencia ante su muerte.

De esto escribió Susan Sontag en su ensayo Ante el Dolor de los demás (2003) donde presenta un análisis extraordinario de lo que es el retrato del dolor y las reacciones que tenemos como individuos expuestos a esta ola de violencia que los medios nos la hacen tangible, y nos llega día a día en diarios, internet, revistas, televisión y exposiciones como ésta.

¿En qué posición se encuentra el fotógrafo para tener el temple de hacer clic a su cámara en medio de una guerra donde la destrucción y el derrumbe de la desgracia le invaden? ¿Por qué en vez de ayudar a la víctima que aclama y sufre ensangrentada, el fotógrafo retrata ávido de encontrar el mejor ángulo para presentarnos ese rostro desencajado que con la mirada pide ayuda? ¿Nos hemos vuelto insensibles ante el dolor de los demás y entre más sangrienta y dramática sea la escena mayor venta de la publicación? ¿Qué tantas peripecias tiene que padecer un fotógrafo para obtener la “mejor” imagen de la atrocidad? ¿Hasta dónde son capaces de llegar por la toma? El dolor vende –y mucho- sin duda. ¿Por qué? por el morbo. Ver imágenes.

Todas las fotografías son memorables –por ello fueron premiadas-y aunque no todas son sangrientas y de guerras o luchas sociales, éstas sí son las que más impactan, por que los seres humanos somos morbosos. Y no creo que sea porque ya nos “acostumbramos” a verlas todos los días, sino que nos parece tan “normal” que muchas veces ya nada nos sorprende. “Sucede en cualquier lado” siempre decimos, sin embargo lo que no tomamos en cuenta es si tenemos también el derecho de apropiarnos de ese dolor ajeno al contemplarlo. No pensamos que si nos pasara a nosotros, nos gustaría que exhibieran el cuerpo tirado, degollado, decapitado de un familiar o de nosotros mismos. ¿Quién reclama el dolor de las víctimas que se hace comercial? Los medios lo exponen porque vende, explotan el sufrimiento personal.

Indudablemente, el valor de los fotógrafos es trasladarnos al momento, acercan  lo que es “lejano” para nosotros (los espectadores) mostrándonos de una manera el mundo ante sus ojos, mostrándonos una “realidad” construida con sus cámaras. Como lo diría Susan Sontag la fotografía cala más hondo en la memoria, por eso son más recordadas que otros medios visuales como la televisión o las películas. Las expresiones en un retrato no se olvidan nunca, como a mí no se me olvidará la cara de este cerdito temeroso a punto de entrar al matadero (Ver imagen) ganadora del tercer lugar en la categoría de Asuntos contemporáneos.

Las realidades existen, fotografiadas o no,  ya sean sangrientas, desgarradoras, atroces, salvajes, tiernas, simpáticas, curiosas, bellas, inocentes, etc., el fotógrafo simplemente las presenta mediante su punto de vista y afortunadamente tenemos los sentidos para enterarnos qué es lo que sucede en nuestro mundo. Lo que pensemos después, va más allá de la fotografía.

 

Se puede sentir una obligación de mirar fotografías que registran grandes crueldades y crímenes. Se debería sentir la obligación de pensar en lo que implica mirarlas, en la capacidad efectiva de asimilar lo que muestran.  Susan Sontag

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Se ha analizado mucho de las consecuencias económicos que traerá consigo el paquete económico que se aprobó recientemente por el poder legislativo para el ejercicio del 2010, y si se resumen en una palabra –una de mis favoritas- sería: DEVASTADORAS.

Efectivamente, en la devastación de las consecuencias se amplía la brecha entre las clases socioeconómicas donde los pobres son más pobres, la clase media baja a pobre, los empresarios o se vuelven ricos o desaparecen y los políticos y sus allegados se vuelven más ricos todavía (el “Catastrófico” y sus semejantes pues ya son ricos y entre tanto pobretón subiría un peldaño más en la escala de Forbes de los "Hombres más Ricos del Mundo”).

Ayer escuchaba en mi clase de flamenco una de las tantas frases que la gente se ha creído y que siguen creyéndosela: “El pueblo tiene el gobierno que se merece”. Obviamente no estoy de acuerdo. Los mexicanos no nos merecemos un gobierno que pone por encima sus intereses que los de la gente a la que dice procurar. No nos merecemos un gobierno que solapa a los empresarios que más tienen para concederles beneficios a cambio de “favores” en campaña. No nos merecemos un gobierno que dice “combatir a la delincuencia” cuando muchos de sus integrantes están coludidos con narcotraficantes y asesinos. No nos merecemos un gobierno que silencia las cifras de sus gastos recientes y mantiene su calidad de “transparente”. No nos merecemos un gobierno que primero dice cuánto necesita para gastar y después ve de dónde lo consigue. No nos merecemos un gobierno que es incongruente en sus propias leyes y que no las aplica. No nos merecemos un gobierno que presencia el crimen y se hace “de la vista gorda”. No nos merecemos un gobierno que elimina una empresa estatal y a su sindicato por subsidios excesivos e ineficiencia y no hace lo mismo con otros sindicatos y paraestatales mucho más corruptas y mucho menos con sus empleados internos. No nos merecemos un gobierno que derrocha en un país que muere de hambre y de desempleo porque somos mexicanos trabajadores, buenos, de lucha y sufrimiento, pero con empuje para salir avante.

El ejercicio fiscal para 2010 fue aprobado entre mucha polémica y cobardía para asumir los costos electorales que tal parece es lo único que les importa al cuerpo legislativo. Aumentaron el IVA del 15 al 16%, el ISR al 30%, y al 3% los depósitos en efectivo, pero el gasto desorbitado en el gobierno continúa, junto con la corrupción y el desvío de fondos. Tan sólo cada día la Cámara de Senadores nos cuesta a los contribuyentes 2.2 millones de pesos en sus gastos. ¡Derrochan 604 millones de pesos en viajes! Cada voto cuesta $200 pesos por la infraestructura del IFE y todo lo que gasta para campañas electorales. Cada juez del TRIFE cuesta $343 mil pesos al mes y un magistrado de la SCJN gana $347 mil pesos ¡al mes! casi tres veces más que el Presidente de la República. Con ese nivel de gasto gubernamental, pues no habrá aumento de impuestos que les alcance mientras el Presidente pide hacer un “sacrificio” en bien de los pobres, algo que no vemos.

El problema radica en lo que los politólogos llaman falta de racionalidad administrativa, que viene siendo lo mismo que hacer lo que se debe hacer.

Mientras gobierno y sociedad no hagan lo que tienen que hacer, esta situación no cambiará. Así el gobierno imponga una tasa de 20, 30, 2, 17 ó 50% de impuestos, si no los saben administrar el problema no se solucionará, pues sabemos que muchos ciudadanos pagamos debidamente impuestos, pero hay un número incontable que no lo hacen, y en muchos casos pertenecen a las altas esferas. Cómo es posible que existan autos de lujo sin pagar tenencia, pertenecientes a familias adineradas, pero que debido a su injerencia en los grupos de poder, pues el gobierno no puede tomar acciones contra ellos. Y no digamos de los comerciantes ambulantes que no pagan impuestos pero los obligan a dar su cuota, la cual no se registra por obvias razones. 

Ni impuestos, ni deuda, ni recortes al gasto servirán mientras que el gobierno no ejerza una verdadera racionalidad administrativa, en conjunto con evaluación tanto de programas implementados, funciones de dependencias, funcionarios, congreso (diputados y senadores), e incluso órganos autónomos, porque por muy autónomos que sean forman parte del gasto gubernamental.

Resulta incongruente vivir en un país pobre que mantiene a un gobierno inmensamente rico.

¿Qué le podemos vender a Brasil?

De sobra sabemos que México tiene su comercio cautivo con Estados Unidos, mientras que todos los demás países de América se dedican a venderse y comprarse entre sí, sobretodo entre el área comprendida del Río Hondo hasta la Patagonia.

En gira por Brasil, el Presidente Felipe Calderón expresamente quiere que le ayuden con PEMEX, que nos den unas “clasecitas” de cómo le hicieron con PETROBRAS, que teniendo una profundidad 3 veces mayor que Pemex, extrae crudo y hace más con menos. ¿Qué gana Lula a cambio? Un TLC con México.

La verdad es que el Gobierno Federal ya se había tardado en mirar para abajo en cuanto a comercio y cooperación internacional se refiere. Tal vez, esto sucede hasta ahora por que en la crisis, México está dando “patadas de ahogado” o probablemente porque quería mantener la “cordialidad” con Mr. Bush en años pasados, teniendo en cuenta que Don Lula ha sido “chile de todos los moles”, pues lo mismo se le ha visto con empresarios abierto a la inversión privada, que con los sindicatos y obreros y hasta con Venezuela, como en sus inicios.

Afortunadamente, por fin México se quitó la envidia y reconoció que tiene qué aprenderle a Brasil y a su modelo económico, el cual, en tiempo de crisis, le está resultando para no caer en picada.

La diferencia con México es que Brasil sí DIVERSIFICA. Tan sólo 28% de sus exportaciones van a Asia, más de 20% a Europa y 20% a América Latina; el comercio con África le aumentó 400% y con Europa alrededor de 500% en los últimos años. Esta diversificación les ha ayudado para no depender de Estados Unidos, y sobrellevar la crisis. Entonces, de firmarse un TLC con Brasil, el “grandote” de América Latina sí aprovechará y no como nosotros que teniendo alrededor de 47 tratados comerciales en todos los continentes, el 84% de nuestro comercio es con Estados Unidos, mientras que el 16% restante ahí lo dejamos con quien quede.

México tiene que diagnosticar qué podría ser atractivo para venderle a Brasil, porque definitivamente pienso que es un país que lo tiene todo: están sacando petróleo, construyen autos, aviones, aeronaves, tecnología, celulares, prendas, azúcar, café, frutas, construcciones, complejos turísticos, buenos futbolistas, mujeres guapísimas, etc. O sea, ¿cómo qué podríamos venderle a Brasil?

Desde 2003 existe un Acuerdo de Complementación Económica (ACE) con Mercosur, obviamente esto incluye a Brasil, donde este país quería vender carne de res, pollo, puerco, lácteos, soya, pastas, azúcar, café, cacao, piña y coco, productos que son sensibles para México. La negociación insistió en que México pudiera exportar a Brasil tequila, aguacate, cerveza, levaduras, mermeladas, flores, jugos, ajos, trigo duro; productos químicos como tereftalato de dimetilo, ácido tereftálico, pigmentos y preparaciones a base de dióxido de titanio, poliestireno de uso general, politereftalato de etileno y lisina. Considerando que fuera de los productos agropecuarios, México podría ser proveedor de mezclilla y textiles de algodón, aunque entraría en competencia con Perú y China, quienes acaparan estas importaciones de Brasil. También podrían ser insumos farmacéuticos y químicos como los que mencionamos anteriormente. No obstante, Brasil protegería mucho su agroindustria, en tanto, podríamos recibir el beneficio de adquirir productos en aeronáutica y automotores. El problema aquí radica en que no es lo mismo vender aguacates que vender aviones o autos ¿verdad? y esto aunado a que no estamos acostumbrados a diversificar, pues la ventaja la tiene Brasil.

Es por ello que, ya para haberse puesto un TLC con Brasil en “charola de plata” es porque la “manita” que le daría PETROBRAS a PEMEX sería MUY benéfica, nada más faltaría saber ¿para quién? pues de sobra sabemos que los beneficios de estos acuerdos, tratados y convenios, simplemente no están al alcance de los más necesitados.

 

FUENTES DE INFORMACIÓN

“Lula apoya crear TLC con México”, Excelsior, 18 de agosto de 2009, nacional: 6

http://www.economia.gob.mx/work/snci/negociaciones/brasil/pdfs/sintesis_ace_brasil.pdf

(18/08/09)

El subsecretario de Ingresos de la SHCP, José Antonio Meade Kuribreña, en su artículo de hoy titulado “El IETU, control necesario” apuesta a mil por mil que la reforma tributaria con la introducción del IETU (impuesto empresarial de tasa única) más el ISR (impuesto sobre la renta) son las medidas “necesarias” para la “eficiencia” de todo sistema tributario “moderno.

            Traduciendo esto, en primer lugar, “necesario” ¿para qué o para quién? ¿Para que entren al Estado los 46.6 mil millones de pesos y eso pueda ser “colchón” para el “combate contra el narco” o para las campañas? ¿Para reducir la pobreza en nuestro país? Cuando acaba de arrojar CONEVAL que ésta aumentó en 5% en tan sólo dos años (1) y el aumento real de la actividad económica se estimó en 1.3% comparado con el incremento de recaudación de estos impuestos en 11.4%. De que sirve, sirve, seguro, pero el punto es determinar para qué o para quién.

            Segundo, la “eficiencia”. ¿Cómo podemos de hablar de eficiencia en México cuando únicamente este impuesto grava la actividad de empresas formales, pero ¿qué pasa con todo el comercio informal que inunda las calles y las banquetas? Cuando esta actividad se meta en control, ahora sí podríamos hablar de eficiencia. No es eficiente que pese a no tener cifras oficiales, éste pasó de 11 millones 887 mil 100 en el primer semestre de 2008 a 12 millones 105 mil 168 personas en el mismo periodo de esta año. (2) Y además, la eficiencia también implica en que TODO los contribuyentes paguen impuestos y esto, en México, no sucede, siempre existe el “compradazgo” y los “favores” que se deben.

            Si bien el IETU contribuyó al aumento del 0.75% del PIB comparado con un lento 6% acumulado en 30 años, contrapunteando con el estimado decrecimiento del 7.3 % del PIB pronosticado para este año, pues realmente no significa gran cosa. No obstante, el IETU sí conforma un impuesto que “pesa” a las empresas, independientemente que sea visto como una manera de control pues sólo grava la diferencia entre lo que se vende y la inversión, es decir, según esto no afecta al capital. Pero pensemos, si tienes que pagar un impuesto por tus ganancias, ¿cuánto te queda para re-invertir y así en el futuro crecer? Efectivamente el crecimiento de la empresa será un proceso mucho máaaas lento con un impuesto como el IETU que grava las ganancias de este sector. Las empresas en México son las mayores generadoras de empleo pero éste depende de su crecimiento y su poder para hacerlo. Indirectamente, quieran o no, el IETU amenaza el crecimiento económico del país en cuanto a generación de empleos y al poder adquisitivo de las personas.

            Y por último, analicemos esto que se refiere a la “modernidad” de cualquier sistema tributario (y es aquí cuando me acuerdo de mis clases de Theodor Adorno y la “modernidad”). Según el Sr. Subsecretario, este esquema es moderno porque a) fija un mínimo de contribución para el financiamiento del gasto; b) preserva un principio general de simetría entre ingresos acumulables y gastos deducibles; y c) grava a la misma tasa los ingresos con independencia de quién los recibe. Estos tres elementos fomentan las actividades económicas formales.(3) Y es aquí donde volvemos a lo mismo, moderno y bueno para las actividades económicas FORMALES, pero las informales ¿dónde quedan? No podemos hablar de modernidad tributaria, cuando México, en muchos aspectos no es moderno, ¿qué sistema tributario no puede controlar el comercio informal? Ahh, no perdón, sí es controlado, todos los días pasa el “poli” (o el regidor de mercados o quien fuere) a recoger su “cuota” para dejar que el comerciante ambulante pueda hacer “uso de suelo”. Mientras que todo lo recaudado lo tienen que repartir en una cadena de favores al ayuntamiento. De esto se trata la “modernidad”.

           

Pienso entonces, que el problema no es el impuesto o la reforma tributaria, sino que mientras el sistema no entre en lo que se llama racionalidad administrativa, esto es que cada quien haga lo que tiene que hacer, sector político, sector económico y sector social, no habrá impuesto que alcance para sufragar el gasto gubernamental. Se debe gravar todo por igual y esto no está en contra de que pague menos el que tiene menos y que pague más el que gana más, sino más bien se refiere a que en primer lugar se combata la evasión fiscal de grandes corporativos y empresarios que tienen vínculos con el gobierno y éste le debe “favores” y en segundo, se diseñe una manera de captación tributaria para el gobierno informal y formal que realmente se empleé para programas en beneficio de la población y que se generen incentivos para que la gente contribuya, ¿cómo? Mediante racionalidad administrativa.

 

Sigo pensando que la gente en México no coopera con el Gobierno porque ésta no ve a dónde se van sus impuestos.

 

 

 

Referencias

 (1) En gobierno de Calderon Aumentan los pobres. http://www.informador.com.mx/mexico/2009/121896/6/en-gobierno-de-calderon-aumentan-los-pobres.htm (21/07/09)

(2)Centro de Estudios de las Finanzas Pública de la Cámara de Diputados, http://www.argonmexico.com/ultimas/se-dispara-comercio-informal-por-la-crisis-economica.html (21/07/09)

(3) El IETU, control necesario, http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44960.html sección opinión (21/07/09)

El pasado domingo 5 de julio que sucedieron las tan esperadas votaciones de medio término para renovación de Congreso,  me dispuse a ir a mi casilla número 54 en Acapulco para votar. Eran las 8:14 de la mañana, muy temprano para ser domingo y que yo ya estuviera levantada, pero fue así porque mi mamá tenía que regresar a su trabajo y no por el consejo que la Sra. Josefina Vázquez Mota dio que “hay que ir a votar antes de ir a misa”. Cuando llegamos a la casilla, nuestro asombro fue que NO ESTABA INSTALADA, “¿por qué?” Reclamamos inmediatamente y tuvimos la respuesta firme de que esto era porque así decía la ley.

Pensando en nuestras particularidades, mi mamá tenía que votar temprano porque el trabajar en un hospital en el área ginecológica, no puede salirse a la hora que se le antoje para ir a votar pues en su calidad de atención sus pacientes son primero, y yo, pues la intención de mi estancia en Acapulco era, a parte de ver a mi angiólogo el viernes, felicitar a mi padre por su cumpleaños el sábado, ir a votar el domingo para regresar a México ese mismo día.

Votar es parte de mi calidad de ciudadana y con mayor responsabilidad por tener una maestría en Administración Pública, pero más allá de la profesión, es cuestión de hacer efectivo un derecho, meramente, participar en la cuestión de la “democracia” o al menos, ya que estamos en un “barco”, perdón, contrato social –disculpe usted, Sr. Rousseau-, pues hay que jalar al timón y esto es, también votando.

“¿Porque así decía la ley?” Pensé inmediatamente que eso tendría que verlo por mis propios ojos, pues cerca de mi casa está un módulo del IFE donde al menos podríamos quejarnos que la casilla 54 no estaba instalada todavía, que eran una bola de flojos e irresponsables porque no están preparados y no toman conciencia de las cosas que uno tiene que hacer o dejar de hacer antes de ir a votar.

Cuando llegamos al IFE, la casilla que le tocaba estar frente de éste ya estaba instalada, eran 8:20 de la mañana, ¡qué diferencia! ¿no?  Pedimos quién nos podría atender y efectivamente nos dieron la respuesta de que el COFIPE decía que la instalación de las casillas es a partir de las 8:00 am. –“¿Quiere que le muestre el reglamento?”- le contesté que sí, y en el sentido “charolazo” le dije mi profesión y mis motivos por los cuales tenía que votar temprano.  “Pancho, tráeme un COFIPE” dijo el Sr. Álvaro (lo leí en su gafete) y cuando me mostró el tomo subrayado con plumón amarillo fosforescente, ahí estaba el artículo 212 del COFIPE, textual:
A las 8:00 horas del día de la elección, los funcionarios de casilla nombrados como propietarios (presidente, secretario y escrutadores) proceden a instalar la casilla en presencia de los representantes de partidos políticos. En ningún caso se puede instalar una casilla antes de esa hora (art. 212, p. 2 y 6, del COFIPE).

Efectivamente, la ley decía eso, entonces, ¿por qué la ley solapa la flojera y no permite que las casillas estén instaladas y montadas ya a las 8:00 am? ¿Qué pasaría si en vez de decir a las 8:00, dijera a las 7:30? Así la gente que tiene que trabajar el día de la elección podría votar  antes de ir a sus labores. Entonces, como deben empezar a instalar a partir de las 8:00 am, o sea pueden tardarse hasta las 9:00 ó 10:00 de la mañana; porque tampoco dice cuánto es el tiempo máximo para instalar una casilla, lo único que indica es que si a las 8:15 no se ha instalado, porque falte algún miembro de los funcionarios de casilla, que entre ellos se “pasen la bolita” y si no estuviera nadie, que el IFE mande a alguien. (artículo 213 del COFIPE)

Así está la ley en México, y esto es una muestra más de las imperfecciones del COFIPE, a mi parecer. Si se supone que todos los funcionarios de casilla son personas que viven en esa periferia donde se instala la casilla y es un compromiso que hay que asumir, pienso que no sería problema en empezar a instalarla antes de las 8:00 am. El COFIPE debe reformarse en su artículo 212, para cambiar la hora de instalación de casillas a las 7:30 am, es algo tan simple que puede llegar a impactar en que muchas personas no puedan votar por circunstancias parecidas a esto que nos sucedió.

            Finalmente, tuvimos que regresar a votar, después de las 10:00 am, afortunadamente ya nuestra casilla estaba debidamente instalada, pues hubiera sido el colmo si no.

 

APRENDER A AMAR A MÉXICO

 

Era de noche, había sido un día tranquilo. Cerca de las once veía el noticiero, en el cual anunciaron que México tenía conflictos sobre pobreza, educación y economía, cosa que me preocupó. Al dormirme soñé…

Un día radiante, estaba yo en el cielo, sí, en el cielo con profundo azul claro y sus nubes blanquecinas de diferentes formas, reflexionando acerca de lo que escuché; ví a un niño que venía cansado y parecía desde lejos un indígena porque traía morral y señas particulares, que lo caracterizaban como tal. El niño gritaba: -“¡Tengo hambre! ¡El campo ya no produce! Además, no sé leer ni escribir, ¿cómo buscar un trabajo?”-

El muchachito estaba totalmente decepcionado de su vida, yo no podía creer lo que el niño decía. Eran verdaderas las noticias que pasaron en la televisión, pero con una diferencia, el indígena lo decía enojado, con furia y pena; en el noticiero lo comunicaron tal vez con un grado de preocupación, pero no tanta como la de él. La verdad estaba desconcertada, no sabía a quién hacerle caso, pero lo que más me dolía, era que en las dos situaciones se decía la verdad, aunque fuera con mucho o poco remordimiento.

El pequeño, sentado en una nube gritaba: -“¡No sé ni pa’que sirven tantas cosas que tiene México, como la Bandera que unos hipócritas honran sin quererla!”- Sentí un escalofrío bárbaro por todo el cuerpo al oír aquellas palabras, que en realidad hablaban muy desanimado de la Patria.

Entre las nubes, muy lejos de nosotros, ví cómo un pedazo de tela se movía, al acercarme, no té que tenía colores, difícilmente llegué a distinguirlos, eran: verde, blanco y rojo. Al llegar el trozo de tejido hasta donde estábamos sentados logré ver a nuestra Bandera, con su asta muy recta y sus colores radiantes; el verde era luminoso como el de las hojas de los árboles de la Tierra; su blanco, verdaderamente hermoso, se confundía con el de las nubes; el rojo, tan profundo como la sangre que derramaron los Aztecas y en medio del blanco la Leyenda hecha realidad.

La Bandera se encontraba frente al niño y ésta le dijo: -“¿Por qué hablas así de mí? Yo casi te he dado de comer, no tienes derecho a hablar de esa manera. Como dices, es cierto que hay falsos que me vanaglorian sin quererme, pero no seas uno de ellos, quiéreme, porque aunque no comas, o siempre te aceptaré como mexicano?”- 

La criatura le dijo: -“Entonces aquellos falsos no deben llamarse mexicanos, pero sin embargo todo el mundo les dice así.”- Nuestro Lábaro Patrio escuchó atentamente las palabras del campesino, que por cierto era el más pobre de México.

En eso, con mucho miedo, me atreví a hablar: -“Amigo mío, sólo te diré unas palabras: El mexicano no es sólo quien nace o se cría en nuestra Nación, sino quien la quiere, reconoce su historia y hace un esfuerzo por sostenerse. Estoy segura que a pesar de esas decepciones que tienes tú de él, yo sé que lo quieres, porque al ver a los Voladores de Papantla o al escuchar el Jarabe Tapatío, dices ¡Ese es mi México! Ya que tenemos una cultura envidiada por países desarrollados en tecnología y economía.”-

La Bandera me preguntó: -“¿Y tú, de dónde leíste esas palabras tan hermosas?”- Riéndome entre dientes, contesté: -“Por favor, Bandera amada,  no las leí de ningún libro, lo único que hice fue sentirlas con el corazón. Por eso te digo compañero, que no necesitas leer o escribir para amar a México, a tu Patria, sólo debemos comprender la Leyenda ensamblada en esa franja blanca, para entender la grandeza del pueblo mexicano.”-

A todo esto, el indígena escuchaba mis palabras y las de la Enseña Nacional, pero cuando dejé de hablar, éste replicó: -“¡Yo lo que necesito es comer, no amar a México!”-

La Bandera y yo nos quedamos pasmadas, ante sus palabras; cuando llega gritando el Escudo Nacional, gallardo y vanidoso: -“¡Para poder comer, indígena, primero tienes que conocer la gran Historia que empapa a nuestro país y gracias a ésta eres un ser libre!”-

El Escudo le contó al mexicano, la Leyenda de Tenochtitlán, que se supone que todos conocemos. A éste le gustó mucho, pero sin embargo, volvió a replicar: -“¡Lo que quiero es comer, no amar a México!”-

Cuando me dediqué a tomar la palabra, no sé qué pasa pero de repente, se abre la nube en la que estábamos, de donde se veía el gran territorio mexicano. Yo, con temor a caerme, me sostuve con una mano de uno de los nopales del Escudo Nacional, estaba demasiado alto, y cada vez el abismo era mucho más grande, solamente me sujetaba el nopal para no caer de la nube, y así no perder la vida, aunque sólo fuera un sueño.

Mi mano estaba ensangrentada y sentía mucho dolor, la única solución que tenía era despertar. Pienso que el dolor o el pánico me hicieron reaccionar. En la mañana, noté que en la palma de mi mano derecha tenía un agujero angosto, lo curioso era que no me dolía, aunque tenía poca sangre, ya seca. Quizá eso repercutió en que en el Escudo sobre uno de sus nopales se ve una curvatura.

Me impresioné tanto de este sueño que decidí escribirlo, para no olvidarlo, y compartirlo con alguien más. Lo que más me gustó de éste, fue que concluí algo muy importante: para ser mexicanos tenemos que “Aprender a Amar a México”.

 

Octubre 1997

Rumbo al  5 de julio

Acabo de leer el artículo de Denise Dresser, titulado “Aspirar a Más” donde expone y apoyo lo que dice José Antonio Crespo que “Votar por el partido menos malo, equivale a comprar la fruta menos podrida”. El problema en México radica en que nos hemos mal acostumbrado a lo menos peor y es triste en realidad; porque tenemos esa tendencia a aceptar lo que nos dan sin exigir lo que realmente uno quiere. Y esto no es de ahorita, ¿cuántas veces no nos ha sucedido que como consumidores que somos, compramos algo y esto no es lo que esperábamos? y nos quedamos callados, no lo decimos; si es algo de comida no lo comemos pero no regresamos el plato, si es algo de ropa no lo usamos y terminamos regalándolo, si es un servicio, decimos “Ay qué flojera poner una queja”.

Ser exigente en México es un defecto como sacar diez en la escuela y ser de cuadro de honor. Sí claro, eres adorado por todos los maestros pero odiado por tus compañeros, quienes te condenan a pasar el recreo aislado porque eres un “ñoño”. Igual pasa cuando nos volvemos exigentes, pues la gente te cataloga como “sangrón” y menos caso te hacen. Tal parece que tienes que aceptar que lo que te den; tal parece que tienes que vivir aceptando lo que la mayoría acepta, y no estoy de acuerdo. Mi inteligencia no permite que si no hay de otra tengas que “comprar la fruta menos podrida”, mejor no comprar nada ¿no? y ¿qué hacer? ¿morirse de hambre? Tampoco.

 

Exigir te hace ganar muchos enemigos porque lo relacionan como si fueras una persona merecedora de lo mejor. Volvemos a lo mismo. Sentirse merecedor de lo mejor también es un defecto en México, pues seguramente la gente de poco espíritu lo asocia con la altivez, la petulancia, la presunción. Pero en este texto no me refiero a “sentirse merecedor de lo mejor” en ese sentido, sino a la recíproca aportación que debemos recibir los usuarios, los clientes, los ciudadanos. Recíproca en la manera en que siempre he creído que el ciudadano y el Estado son un binomio mas no una relación de cliente o usuario.  

 

Igual y habrá personas que sí son exigentes y que sí se sienten merecedoras de lo mejor, pero en su mayoría he constatado que en México estas prácticas no son realizadas y mucho menos bien vistas, o también no atendidas de tal manera que ya para qué le intentamos y nos quedamos así. Habemos de esos pocos mexicanos que regresan el plato en el restaurante si la comida está fría o que no le pagan al taquero porque el taco no les gustó o que piden que se les devuelva su dinero cuando un servicio no es satisfactorio o que le reclaman al taxista cuando no les está cobrando lo justo o que ponen una queja o piden hablar con el gerente cuando el empleado los trata mal. Hay que exigir simplemente porque queremos establecer una reciprocidad: si yo pago quiero tener el beneficio por el cual pagué; si yo voto por un partido político, quiero tener el beneficio por el cual incliné mi voto a éste; si yo pago mis impuestos quiere tener servidores públicos que trabajen para mí.

 

En México no exigimos porque ya nos acostumbramos a no hacerlo, porque no nos sentimos merecedores de lo mejor; bien piensan muchos que “Más vale malo por conocido que bueno por conocer” y ¿por qué no pedirle a ese malo y conocido que se haga bueno? O “Más vale un mal arreglo que un buen pleito” y ¿por qué me tengo que conformar con un mal arreglo? pues si es arreglo se supone que tiene que ser bueno ¿no?  Es por la misma razón por la que no demandamos al policía que nos extorsionó, por la que no levantamos un acta cuando nos roban algo, por la que no establecemos un juicio ante una compañía que no nos da un servicio de calidad. “¡Qué flojera!” dicen muchos “mejor así, ahí que quede”… y ese “ahí que quede” nos a arrastrado a lo que tenemos hoy como país donde políticamente los gobernantes no cumplen y los partidos políticos no representan una opción que nos convenza.

 

Esta costumbre de no exigir probablemente venga desde el subyugo de nuestros antepasados, que por La Conquista se hicieron obedientes y se acostumbraron a que siempre les decían que eso era lo que tenían que aceptar y no hay más. Esa visión conservadora de ver las cosas, donde todo tiene un solo lado y una sola opción, donde se cree que las cosas son así y no pueden cambiar, donde se convencen diciendo “Aquí o te aclimatas o te aclichingas”, donde te quieren tener atado de manos porque si exiges o reclamas tus derechos puedes perder más bajo amenaza o bajo condiciones. Ya no estamos en esos tiempos de yugos anquilosados.

Los políticos también ya se acostumbraron a que no se les exija, a que después del periodo de elecciones se pierdan en el abismo y no rindan cuentas de qué hacen o qué propuestas tuvieron. ¿De qué nos sirve el IFAI si es un mínimo porcentaje de mexicanos que lo consulta o que está interesado? Y el desinterés o la desinformación no provienen de la indiferencia. Al mexicano por supuesto que le interesa lo que sucede en su país, nada más que muchos se sitúan diariamente entre la disyuntiva de: comprar el periódico o comer. Hay necesidades primarias qué satisfacer y tal sólo el 4% de la población tiene la educación suficiente como para ser personas que puedan estar informadas.

 

Para desacostumbrarnos de votar por “el menos peor” hay que primero empezar a hacer lo que debemos hacer y entender la idea de ser unas personas exigentes, no sólo con lo que nos rodea, sino con nosotros mismos, eso nos da para aspirar a más como dijera la Sra. Dresser.

Entonces ¿qué hacer? 

En primer lugar, ANULAR EL VOTO NO ES UNA OPCIÓN, bien diría José Woldenberg no se cambia nada no haciendo nada. Sin embargo, tampoco se cambia nada haciendo lo mismo, o como decía el sabio Einstein “No esperes resultados diferentes si sigues haciendo lo mismo.” Anular el voto y votar por el “menos peor” nos lleva a lo mismo porque no es suficiente para exigir. Si anulamos el voto o decidimos por el abstencionismo, será un buen punto de análisis para las empresas encuestadoras y analistas políticos pero para los candidatos o los partidos o los funcionarios, dará lo mismo mientras ellos sigan ganando o sigan manteniendo su puesto. Ahora, votar por un partido que no nos convence siendo el “menos peor”, lo hará mantenerse vigente, mientras tenga su 2% como lo avala el COFIPE, ya la hizo.

En segundo lugar, ABSTENERCE TAMPOCO ES UNA OPCIÓN es como dejar a los demás que elijan por mí y eso también es sacrilegio en mi punto de vista. Mientras que tengamos a la democracia tan subestimada pensaremos que nuestro mayor logro es haber escogido el gobierno que queremos, y tampoco sucede así.

La última opción es VOTAR (o cambiar de sistema político por otro que no tengamos que hacerlo, diferente a la Democracia), el problema aquí radica en otra mala costumbre que tenemos los mexicanos pues votamos por el partido y no por la persona, ni siquiera conocemos al candidato y esa es la tarea que nos toca a los ciudadanos: INFORMARSE y no perderles la pista para EXIGIR cuando estén en el Congreso y más ahorita que todos los candidatos están ávidos de convencer.

Así que infórmense, revisen quiénes son, de dónde vienen, cuáles son sus propuestas y hagan una evaluación por lo que más les atraiga. No creo que todos sean personas malas que sólo quieran el poder por el poder o por la dieta que reciben o porque de ahí les espera el Senado o una Presidencia Municipal, aún creo que hay ciudadanos en la vía política que quieren hacer bien las cosas, y están convencidos a hacerlo; hay muchos candidatos jóvenes y mujeres que vienen en esa nueva ola del “compromiso”, pues es ahí donde tiene uno como elector que buscar la alternativa que mejor le parezca y si no hay ninguna, acercarse a la que más para proponerle y expresar qué no nos parece, para exigir porque somos personas que merecemos lo mejor.

 2009


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DB

Este blog tiene como mero propósito expresar mi opinión sobre temas que son de mi interés, mismos que van desde la política, la ciencia, los deportes, las artes, la pareja, los sentimientos, hasta las cosas más superficiales como la moda, programas de TV y la astrología. En fin cualquier tema en donde me vea involucrada y que necesite una reflexión sobre el mismo. Trato esta ”necesidad” como algo imprescindible en la vida del ser humano, que siendo un ente social no podemos quedarnos aislados sino que forzosamente interactuamos, no importando las distancias, las soledades, los idiomas, las ideologías, las culturas, las fronteras, no importando si estamos en una isla desértica o en el país más pobre, todo gracias a Internet.

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