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Posts Tagged ‘Amar a México

Hace aproximadamente 8 años escribí un cuento acerca de una niña mexicana que se mudó a Paris por el trabajo de su papá, donde describía la experiencia de añorar la tierra, la patria. El título del cuento es “Como México no hay dos”.
Nunca me imaginé que me pudiera ver relejada en ese mismo cuento, es como si hubiese escrito el futuro, mi futuro. Obviamente yo no estoy aquí en París por las mismas cuestiones que la niña de mi cuento, pero de igual manera estoy en Paris, estudiando, viviendo la misma experiencia de extrañar a mi país, a México, y decir “como México no hay dos”.

Estar tan lejos de México es lo mejor que me ha pasado para sentirme tan cerca de mis raíces, de mi patria, para valorar el maravilloso y extraordinario país que tengo, que tenemos, para recuperar el orgullo de ser mexicana; digo recuperar porque a veces lo perdemos, lo olvidamos, lo descuidamos en cada acción despreciable que hacemos a y en nuestro país, como tirar basura, no respetar las leyes, no ayudar a tu paisano, ya que sólo nos sentimos mexicanos cuando vemos una partido de futbol de la selección nacional o en las fiestas patrias, como hoy.

Desde el momento en que pisé suelo europeo, se engendró en mi conciencia de que estoy muy lejos de mi país, de mis costumbres, de su comida, de mis familia, de todo. Pero no con ello, inició la conciencia de valorarlo y de quererlo, de decir je suis Mexicain, yo soy mexicana, porque en cada acción que realizo día a día aquí, en Paris tengo la conciencia y la responsabilidad de representar a cada uno de los más de 100 millones de mexicanos del otro lado del Atlántico, de ser embajadora de mi país, de que cada palabra que enuncio hago presente mi cultura, mis costumbres, mi país.

Celebrar hoy el Inicio de la Lucha de Independencia no es tan sólo continuar la tradición del Grito del 15 de septiembre y la Noche Mexicana cuando (según la historia) el cura Hidalgo hizo sonar la campana de Valladolid para anunciar el levantamiento del pueblo del la Nueva España por su libertad, sino es también celebrar mi Independencia de estar aquì, sola, en un país con una cultura tan distinta a la mía, con otras costumbres, con otro idioma, por la misma libertad de elegir, de decidir lo que quiero en mi vida.

Hoy celebro por México, que es mi Gran país y celebro por mi independencia en otro gran país como Francia, donde me siento muy orgullosa de ser mexicana, de ser representante de mi país, de mi familia, de mis costumbres, y de mí misma por iniciar este gran sueño.

 

Paris 2005

A punto de ir a celebrar

A punto de ir a celebrar

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COMO MÉXICO NO HAY DOS

 Cuento

 

¡Vamos! ¡Apresúrate, que tenemos poco tiempo!- Recuerdo perfectamente las palabras de mamá cuando llegué de la escuela. -¿Qué pasa, qué sucede?- contesté de inmediato. Por un momento el ambiente de ajetreo que circulaba en casa, se detuvo, para escucharse un silencio interrumpido por papá, al decir con voz serena y jubilosa: -Nada, hija, no pasa nada, solamente que me han nombrado Embajador esta mañana y tendremos que partir lo más pronto posible.-

            Me quedé sorprendida y pensativa a la vez y en tono suplicante y de reproche, exclamé: -¡Pero  papá…! – No hay pero que valga, el trabajo es primero, de éste depende el bienestar de todos ustedes, y tendrán que seguirme a donde yo vaya-  Con esta contestación mi padre me dejó sin habla, rompí en llanto; mi madre, buscando palabras de consuelo me dijo: -Anda nena, arregla tus cosas que debemos partir. Piensa que tendrás nuevos amigos y conocerás bonitos lugares. –Sí mamá, conoceré a miles de personas más, pero ¿qué pasará con mis amigos? Me he acostumbrado tanto a ellos…-

 

No tuve más remedio que resignarme a las órdenes de mi padre, así que preparé mi equipaje, sin tiempo para despedirme de mis amigos.

            El viaje hacia el Viejo Continente me pareció interminable, aunado a la nostalgia que me embargó al dejar de ver a lo lejos el territorio mexicano, la tierra donde nací, pero por más que lo deseara, no sabía cuándo lo volvería a ver.

            Finalmente llegamos, bajamos del avión, y por lo que pude leer en los folletos turísticos este país es agradable: la metrópoli de los perfumes y del glamour. No obstante, cada minuto que pasaba, extrañaba más a México.

            Transcurrió una semana para que iniciara las clases, ya que estábamos instalándonos en la nueva casa.

 

El primer día de clases, fue el peor de toda mi vida; pues llegaba a un país extraño, frío, donde la gente come, viste y tiene costumbres muy diferentes a las mías. Pareciera que estaba en otro mundo, todo era tan raro…No entendía lo que la gente me decía o si me insultan, no tenía amigos, ya que no conocía su idioma. ¡Cómo odié a mi papá en ese instante en que me sentía tan sola y tan extraña!

 

Ya han pasado seis meses desde que llegamos y con tristeza reconozco que en verdad extraño a México: mi escuela, mis amigos, su gente…

            Con desconsuelo vienen a mi memoria los homenajes que aún hacen en mi antigua escuela, cuando cada lunes pasaba frente a mí nuestro Lábaro Patrio, y yo, al igual que mis compañeros, charlábamos entretenidas de nuestras aventuras juveniles en fin de semana ¡cómo añoro esos momentos! ¡Qué diera por vivirlos una vez más! Ver pasar frente de mí a esa hermosa Bandera y saludar a la voz de “Saludar ¡Ya!” Verla con sus tres colores radiantes: el Verde, la independencia; el Blanco, la religión y el Rojo, la unión. La Bandera es el símbolo más importante, pues nos representa en todo el mundo.

            ¿Por qué hasta ahora empiezo a sentirme más mexicana? ¿Por qué fuera de mi país y no dentro de él? Tal vez sea porque sólo de esta manera nos damos cuenta de lo rico que es nuestro México, por la calidez de su gente, sus desiertos, bosques, valles, mares y sobretodo por su cultura. Cultura, que sólo algunos países gozan el privilegio de poseer.

            Mi México tiene una gran Historia, llena de riqueza; basta sólo conocer la leyenda de nuestro Escudo Nacional, ésta da testimonio de la grandeza de su pueblo y sus raíces.

            Hasta ahora sé que el águila para los Aztecas simbolizaba el Sol, mientras que la serpiente representaba la Noche; que había un dios de nombre Huitzilopochtli, quien les anunció que fundaran su ciudad donde encontraran como seña a un águila postrada sobre un nopal, devorando a una serpiente. De tal modo, que los Aztecas no descansaron hasta encontrarla, siendo en el año de 1325, fundando la gran Tenochtitlan. Esto revela el fervor del mexicano, y su resistencia, rasgos característicos de hombres fuertes y perseverantes.

            Es increíble, pero únicamente estando tan lejos hasta he llegado a extrañar las intransitables calles de la Ciudad de México, su conglomerado metro por las mañanas, los tianguis con sus comerciantes ambulantes, los puestos callejeros con un sinnúmero de antojitos mexicanos… Bien dice el dicho: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”.

            Es tarde y me tengo que dormir; mañana iré a la escuela a convivir con jóvenes que poco entiendo, que no tienen mis costumbres, ni mi cultura.

            Ayer se rindió homenaje a su bandera, admiro el fervor con que lo hacen, el respeto que muestran ante sus Símbolos Patrios y mientras ellos cantaban con júbilo la Marsellesa, yo en silencio entonaba “¡Mexicanos al grito de guerra! ¡El acero aprestad y el bridón, y retiemble en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón!”

 

 

Octubre 1998

APRENDER A AMAR A MÉXICO

 

Era de noche, había sido un día tranquilo. Cerca de las once veía el noticiero, en el cual anunciaron que México tenía conflictos sobre pobreza, educación y economía, cosa que me preocupó. Al dormirme soñé…

Un día radiante, estaba yo en el cielo, sí, en el cielo con profundo azul claro y sus nubes blanquecinas de diferentes formas, reflexionando acerca de lo que escuché; ví a un niño que venía cansado y parecía desde lejos un indígena porque traía morral y señas particulares, que lo caracterizaban como tal. El niño gritaba: -“¡Tengo hambre! ¡El campo ya no produce! Además, no sé leer ni escribir, ¿cómo buscar un trabajo?”-

El muchachito estaba totalmente decepcionado de su vida, yo no podía creer lo que el niño decía. Eran verdaderas las noticias que pasaron en la televisión, pero con una diferencia, el indígena lo decía enojado, con furia y pena; en el noticiero lo comunicaron tal vez con un grado de preocupación, pero no tanta como la de él. La verdad estaba desconcertada, no sabía a quién hacerle caso, pero lo que más me dolía, era que en las dos situaciones se decía la verdad, aunque fuera con mucho o poco remordimiento.

El pequeño, sentado en una nube gritaba: -“¡No sé ni pa’que sirven tantas cosas que tiene México, como la Bandera que unos hipócritas honran sin quererla!”- Sentí un escalofrío bárbaro por todo el cuerpo al oír aquellas palabras, que en realidad hablaban muy desanimado de la Patria.

Entre las nubes, muy lejos de nosotros, ví cómo un pedazo de tela se movía, al acercarme, no té que tenía colores, difícilmente llegué a distinguirlos, eran: verde, blanco y rojo. Al llegar el trozo de tejido hasta donde estábamos sentados logré ver a nuestra Bandera, con su asta muy recta y sus colores radiantes; el verde era luminoso como el de las hojas de los árboles de la Tierra; su blanco, verdaderamente hermoso, se confundía con el de las nubes; el rojo, tan profundo como la sangre que derramaron los Aztecas y en medio del blanco la Leyenda hecha realidad.

La Bandera se encontraba frente al niño y ésta le dijo: -“¿Por qué hablas así de mí? Yo casi te he dado de comer, no tienes derecho a hablar de esa manera. Como dices, es cierto que hay falsos que me vanaglorian sin quererme, pero no seas uno de ellos, quiéreme, porque aunque no comas, o siempre te aceptaré como mexicano?”- 

La criatura le dijo: -“Entonces aquellos falsos no deben llamarse mexicanos, pero sin embargo todo el mundo les dice así.”- Nuestro Lábaro Patrio escuchó atentamente las palabras del campesino, que por cierto era el más pobre de México.

En eso, con mucho miedo, me atreví a hablar: -“Amigo mío, sólo te diré unas palabras: El mexicano no es sólo quien nace o se cría en nuestra Nación, sino quien la quiere, reconoce su historia y hace un esfuerzo por sostenerse. Estoy segura que a pesar de esas decepciones que tienes tú de él, yo sé que lo quieres, porque al ver a los Voladores de Papantla o al escuchar el Jarabe Tapatío, dices ¡Ese es mi México! Ya que tenemos una cultura envidiada por países desarrollados en tecnología y economía.”-

La Bandera me preguntó: -“¿Y tú, de dónde leíste esas palabras tan hermosas?”- Riéndome entre dientes, contesté: -“Por favor, Bandera amada,  no las leí de ningún libro, lo único que hice fue sentirlas con el corazón. Por eso te digo compañero, que no necesitas leer o escribir para amar a México, a tu Patria, sólo debemos comprender la Leyenda ensamblada en esa franja blanca, para entender la grandeza del pueblo mexicano.”-

A todo esto, el indígena escuchaba mis palabras y las de la Enseña Nacional, pero cuando dejé de hablar, éste replicó: -“¡Yo lo que necesito es comer, no amar a México!”-

La Bandera y yo nos quedamos pasmadas, ante sus palabras; cuando llega gritando el Escudo Nacional, gallardo y vanidoso: -“¡Para poder comer, indígena, primero tienes que conocer la gran Historia que empapa a nuestro país y gracias a ésta eres un ser libre!”-

El Escudo le contó al mexicano, la Leyenda de Tenochtitlán, que se supone que todos conocemos. A éste le gustó mucho, pero sin embargo, volvió a replicar: -“¡Lo que quiero es comer, no amar a México!”-

Cuando me dediqué a tomar la palabra, no sé qué pasa pero de repente, se abre la nube en la que estábamos, de donde se veía el gran territorio mexicano. Yo, con temor a caerme, me sostuve con una mano de uno de los nopales del Escudo Nacional, estaba demasiado alto, y cada vez el abismo era mucho más grande, solamente me sujetaba el nopal para no caer de la nube, y así no perder la vida, aunque sólo fuera un sueño.

Mi mano estaba ensangrentada y sentía mucho dolor, la única solución que tenía era despertar. Pienso que el dolor o el pánico me hicieron reaccionar. En la mañana, noté que en la palma de mi mano derecha tenía un agujero angosto, lo curioso era que no me dolía, aunque tenía poca sangre, ya seca. Quizá eso repercutió en que en el Escudo sobre uno de sus nopales se ve una curvatura.

Me impresioné tanto de este sueño que decidí escribirlo, para no olvidarlo, y compartirlo con alguien más. Lo que más me gustó de éste, fue que concluí algo muy importante: para ser mexicanos tenemos que “Aprender a Amar a México”.

 

Octubre 1997


MIS PALABRAS EN …

DB

Este blog tiene como mero propósito expresar mi opinión sobre temas que son de mi interés, mismos que van desde la política, la ciencia, los deportes, las artes, la pareja, los sentimientos, hasta las cosas más superficiales como la moda, programas de TV y la astrología. En fin cualquier tema en donde me vea involucrada y que necesite una reflexión sobre el mismo. Trato esta ”necesidad” como algo imprescindible en la vida del ser humano, que siendo un ente social no podemos quedarnos aislados sino que forzosamente interactuamos, no importando las distancias, las soledades, los idiomas, las ideologías, las culturas, las fronteras, no importando si estamos en una isla desértica o en el país más pobre, todo gracias a Internet.

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