DB's Blog

Posts Tagged ‘México

¿Qué le podemos vender a Brasil?

De sobra sabemos que México tiene su comercio cautivo con Estados Unidos, mientras que todos los demás países de América se dedican a venderse y comprarse entre sí, sobretodo entre el área comprendida del Río Hondo hasta la Patagonia.

En gira por Brasil, el Presidente Felipe Calderón expresamente quiere que le ayuden con PEMEX, que nos den unas “clasecitas” de cómo le hicieron con PETROBRAS, que teniendo una profundidad 3 veces mayor que Pemex, extrae crudo y hace más con menos. ¿Qué gana Lula a cambio? Un TLC con México.

La verdad es que el Gobierno Federal ya se había tardado en mirar para abajo en cuanto a comercio y cooperación internacional se refiere. Tal vez, esto sucede hasta ahora por que en la crisis, México está dando “patadas de ahogado” o probablemente porque quería mantener la “cordialidad” con Mr. Bush en años pasados, teniendo en cuenta que Don Lula ha sido “chile de todos los moles”, pues lo mismo se le ha visto con empresarios abierto a la inversión privada, que con los sindicatos y obreros y hasta con Venezuela, como en sus inicios.

Afortunadamente, por fin México se quitó la envidia y reconoció que tiene qué aprenderle a Brasil y a su modelo económico, el cual, en tiempo de crisis, le está resultando para no caer en picada.

La diferencia con México es que Brasil sí DIVERSIFICA. Tan sólo 28% de sus exportaciones van a Asia, más de 20% a Europa y 20% a América Latina; el comercio con África le aumentó 400% y con Europa alrededor de 500% en los últimos años. Esta diversificación les ha ayudado para no depender de Estados Unidos, y sobrellevar la crisis. Entonces, de firmarse un TLC con Brasil, el “grandote” de América Latina sí aprovechará y no como nosotros que teniendo alrededor de 47 tratados comerciales en todos los continentes, el 84% de nuestro comercio es con Estados Unidos, mientras que el 16% restante ahí lo dejamos con quien quede.

México tiene que diagnosticar qué podría ser atractivo para venderle a Brasil, porque definitivamente pienso que es un país que lo tiene todo: están sacando petróleo, construyen autos, aviones, aeronaves, tecnología, celulares, prendas, azúcar, café, frutas, construcciones, complejos turísticos, buenos futbolistas, mujeres guapísimas, etc. O sea, ¿cómo qué podríamos venderle a Brasil?

Desde 2003 existe un Acuerdo de Complementación Económica (ACE) con Mercosur, obviamente esto incluye a Brasil, donde este país quería vender carne de res, pollo, puerco, lácteos, soya, pastas, azúcar, café, cacao, piña y coco, productos que son sensibles para México. La negociación insistió en que México pudiera exportar a Brasil tequila, aguacate, cerveza, levaduras, mermeladas, flores, jugos, ajos, trigo duro; productos químicos como tereftalato de dimetilo, ácido tereftálico, pigmentos y preparaciones a base de dióxido de titanio, poliestireno de uso general, politereftalato de etileno y lisina. Considerando que fuera de los productos agropecuarios, México podría ser proveedor de mezclilla y textiles de algodón, aunque entraría en competencia con Perú y China, quienes acaparan estas importaciones de Brasil. También podrían ser insumos farmacéuticos y químicos como los que mencionamos anteriormente. No obstante, Brasil protegería mucho su agroindustria, en tanto, podríamos recibir el beneficio de adquirir productos en aeronáutica y automotores. El problema aquí radica en que no es lo mismo vender aguacates que vender aviones o autos ¿verdad? y esto aunado a que no estamos acostumbrados a diversificar, pues la ventaja la tiene Brasil.

Es por ello que, ya para haberse puesto un TLC con Brasil en “charola de plata” es porque la “manita” que le daría PETROBRAS a PEMEX sería MUY benéfica, nada más faltaría saber ¿para quién? pues de sobra sabemos que los beneficios de estos acuerdos, tratados y convenios, simplemente no están al alcance de los más necesitados.

 

FUENTES DE INFORMACIÓN

“Lula apoya crear TLC con México”, Excelsior, 18 de agosto de 2009, nacional: 6

http://www.economia.gob.mx/work/snci/negociaciones/brasil/pdfs/sintesis_ace_brasil.pdf

(18/08/09)

Anuncios

El subsecretario de Ingresos de la SHCP, José Antonio Meade Kuribreña, en su artículo de hoy titulado “El IETU, control necesario” apuesta a mil por mil que la reforma tributaria con la introducción del IETU (impuesto empresarial de tasa única) más el ISR (impuesto sobre la renta) son las medidas “necesarias” para la “eficiencia” de todo sistema tributario “moderno.

            Traduciendo esto, en primer lugar, “necesario” ¿para qué o para quién? ¿Para que entren al Estado los 46.6 mil millones de pesos y eso pueda ser “colchón” para el “combate contra el narco” o para las campañas? ¿Para reducir la pobreza en nuestro país? Cuando acaba de arrojar CONEVAL que ésta aumentó en 5% en tan sólo dos años (1) y el aumento real de la actividad económica se estimó en 1.3% comparado con el incremento de recaudación de estos impuestos en 11.4%. De que sirve, sirve, seguro, pero el punto es determinar para qué o para quién.

            Segundo, la “eficiencia”. ¿Cómo podemos de hablar de eficiencia en México cuando únicamente este impuesto grava la actividad de empresas formales, pero ¿qué pasa con todo el comercio informal que inunda las calles y las banquetas? Cuando esta actividad se meta en control, ahora sí podríamos hablar de eficiencia. No es eficiente que pese a no tener cifras oficiales, éste pasó de 11 millones 887 mil 100 en el primer semestre de 2008 a 12 millones 105 mil 168 personas en el mismo periodo de esta año. (2) Y además, la eficiencia también implica en que TODO los contribuyentes paguen impuestos y esto, en México, no sucede, siempre existe el “compradazgo” y los “favores” que se deben.

            Si bien el IETU contribuyó al aumento del 0.75% del PIB comparado con un lento 6% acumulado en 30 años, contrapunteando con el estimado decrecimiento del 7.3 % del PIB pronosticado para este año, pues realmente no significa gran cosa. No obstante, el IETU sí conforma un impuesto que “pesa” a las empresas, independientemente que sea visto como una manera de control pues sólo grava la diferencia entre lo que se vende y la inversión, es decir, según esto no afecta al capital. Pero pensemos, si tienes que pagar un impuesto por tus ganancias, ¿cuánto te queda para re-invertir y así en el futuro crecer? Efectivamente el crecimiento de la empresa será un proceso mucho máaaas lento con un impuesto como el IETU que grava las ganancias de este sector. Las empresas en México son las mayores generadoras de empleo pero éste depende de su crecimiento y su poder para hacerlo. Indirectamente, quieran o no, el IETU amenaza el crecimiento económico del país en cuanto a generación de empleos y al poder adquisitivo de las personas.

            Y por último, analicemos esto que se refiere a la “modernidad” de cualquier sistema tributario (y es aquí cuando me acuerdo de mis clases de Theodor Adorno y la “modernidad”). Según el Sr. Subsecretario, este esquema es moderno porque a) fija un mínimo de contribución para el financiamiento del gasto; b) preserva un principio general de simetría entre ingresos acumulables y gastos deducibles; y c) grava a la misma tasa los ingresos con independencia de quién los recibe. Estos tres elementos fomentan las actividades económicas formales.(3) Y es aquí donde volvemos a lo mismo, moderno y bueno para las actividades económicas FORMALES, pero las informales ¿dónde quedan? No podemos hablar de modernidad tributaria, cuando México, en muchos aspectos no es moderno, ¿qué sistema tributario no puede controlar el comercio informal? Ahh, no perdón, sí es controlado, todos los días pasa el “poli” (o el regidor de mercados o quien fuere) a recoger su “cuota” para dejar que el comerciante ambulante pueda hacer “uso de suelo”. Mientras que todo lo recaudado lo tienen que repartir en una cadena de favores al ayuntamiento. De esto se trata la “modernidad”.

           

Pienso entonces, que el problema no es el impuesto o la reforma tributaria, sino que mientras el sistema no entre en lo que se llama racionalidad administrativa, esto es que cada quien haga lo que tiene que hacer, sector político, sector económico y sector social, no habrá impuesto que alcance para sufragar el gasto gubernamental. Se debe gravar todo por igual y esto no está en contra de que pague menos el que tiene menos y que pague más el que gana más, sino más bien se refiere a que en primer lugar se combata la evasión fiscal de grandes corporativos y empresarios que tienen vínculos con el gobierno y éste le debe “favores” y en segundo, se diseñe una manera de captación tributaria para el gobierno informal y formal que realmente se empleé para programas en beneficio de la población y que se generen incentivos para que la gente contribuya, ¿cómo? Mediante racionalidad administrativa.

 

Sigo pensando que la gente en México no coopera con el Gobierno porque ésta no ve a dónde se van sus impuestos.

 

 

 

Referencias

 (1) En gobierno de Calderon Aumentan los pobres. http://www.informador.com.mx/mexico/2009/121896/6/en-gobierno-de-calderon-aumentan-los-pobres.htm (21/07/09)

(2)Centro de Estudios de las Finanzas Pública de la Cámara de Diputados, http://www.argonmexico.com/ultimas/se-dispara-comercio-informal-por-la-crisis-economica.html (21/07/09)

(3) El IETU, control necesario, http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/44960.html sección opinión (21/07/09)

Hace aproximadamente 8 años escribí un cuento acerca de una niña mexicana que se mudó a Paris por el trabajo de su papá, donde describía la experiencia de añorar la tierra, la patria. El título del cuento es “Como México no hay dos”.
Nunca me imaginé que me pudiera ver relejada en ese mismo cuento, es como si hubiese escrito el futuro, mi futuro. Obviamente yo no estoy aquí en París por las mismas cuestiones que la niña de mi cuento, pero de igual manera estoy en Paris, estudiando, viviendo la misma experiencia de extrañar a mi país, a México, y decir “como México no hay dos”.

Estar tan lejos de México es lo mejor que me ha pasado para sentirme tan cerca de mis raíces, de mi patria, para valorar el maravilloso y extraordinario país que tengo, que tenemos, para recuperar el orgullo de ser mexicana; digo recuperar porque a veces lo perdemos, lo olvidamos, lo descuidamos en cada acción despreciable que hacemos a y en nuestro país, como tirar basura, no respetar las leyes, no ayudar a tu paisano, ya que sólo nos sentimos mexicanos cuando vemos una partido de futbol de la selección nacional o en las fiestas patrias, como hoy.

Desde el momento en que pisé suelo europeo, se engendró en mi conciencia de que estoy muy lejos de mi país, de mis costumbres, de su comida, de mis familia, de todo. Pero no con ello, inició la conciencia de valorarlo y de quererlo, de decir je suis Mexicain, yo soy mexicana, porque en cada acción que realizo día a día aquí, en Paris tengo la conciencia y la responsabilidad de representar a cada uno de los más de 100 millones de mexicanos del otro lado del Atlántico, de ser embajadora de mi país, de que cada palabra que enuncio hago presente mi cultura, mis costumbres, mi país.

Celebrar hoy el Inicio de la Lucha de Independencia no es tan sólo continuar la tradición del Grito del 15 de septiembre y la Noche Mexicana cuando (según la historia) el cura Hidalgo hizo sonar la campana de Valladolid para anunciar el levantamiento del pueblo del la Nueva España por su libertad, sino es también celebrar mi Independencia de estar aquì, sola, en un país con una cultura tan distinta a la mía, con otras costumbres, con otro idioma, por la misma libertad de elegir, de decidir lo que quiero en mi vida.

Hoy celebro por México, que es mi Gran país y celebro por mi independencia en otro gran país como Francia, donde me siento muy orgullosa de ser mexicana, de ser representante de mi país, de mi familia, de mis costumbres, y de mí misma por iniciar este gran sueño.

 

Paris 2005

A punto de ir a celebrar

A punto de ir a celebrar

COMO MÉXICO NO HAY DOS

 Cuento

 

¡Vamos! ¡Apresúrate, que tenemos poco tiempo!- Recuerdo perfectamente las palabras de mamá cuando llegué de la escuela. -¿Qué pasa, qué sucede?- contesté de inmediato. Por un momento el ambiente de ajetreo que circulaba en casa, se detuvo, para escucharse un silencio interrumpido por papá, al decir con voz serena y jubilosa: -Nada, hija, no pasa nada, solamente que me han nombrado Embajador esta mañana y tendremos que partir lo más pronto posible.-

            Me quedé sorprendida y pensativa a la vez y en tono suplicante y de reproche, exclamé: -¡Pero  papá…! – No hay pero que valga, el trabajo es primero, de éste depende el bienestar de todos ustedes, y tendrán que seguirme a donde yo vaya-  Con esta contestación mi padre me dejó sin habla, rompí en llanto; mi madre, buscando palabras de consuelo me dijo: -Anda nena, arregla tus cosas que debemos partir. Piensa que tendrás nuevos amigos y conocerás bonitos lugares. –Sí mamá, conoceré a miles de personas más, pero ¿qué pasará con mis amigos? Me he acostumbrado tanto a ellos…-

 

No tuve más remedio que resignarme a las órdenes de mi padre, así que preparé mi equipaje, sin tiempo para despedirme de mis amigos.

            El viaje hacia el Viejo Continente me pareció interminable, aunado a la nostalgia que me embargó al dejar de ver a lo lejos el territorio mexicano, la tierra donde nací, pero por más que lo deseara, no sabía cuándo lo volvería a ver.

            Finalmente llegamos, bajamos del avión, y por lo que pude leer en los folletos turísticos este país es agradable: la metrópoli de los perfumes y del glamour. No obstante, cada minuto que pasaba, extrañaba más a México.

            Transcurrió una semana para que iniciara las clases, ya que estábamos instalándonos en la nueva casa.

 

El primer día de clases, fue el peor de toda mi vida; pues llegaba a un país extraño, frío, donde la gente come, viste y tiene costumbres muy diferentes a las mías. Pareciera que estaba en otro mundo, todo era tan raro…No entendía lo que la gente me decía o si me insultan, no tenía amigos, ya que no conocía su idioma. ¡Cómo odié a mi papá en ese instante en que me sentía tan sola y tan extraña!

 

Ya han pasado seis meses desde que llegamos y con tristeza reconozco que en verdad extraño a México: mi escuela, mis amigos, su gente…

            Con desconsuelo vienen a mi memoria los homenajes que aún hacen en mi antigua escuela, cuando cada lunes pasaba frente a mí nuestro Lábaro Patrio, y yo, al igual que mis compañeros, charlábamos entretenidas de nuestras aventuras juveniles en fin de semana ¡cómo añoro esos momentos! ¡Qué diera por vivirlos una vez más! Ver pasar frente de mí a esa hermosa Bandera y saludar a la voz de “Saludar ¡Ya!” Verla con sus tres colores radiantes: el Verde, la independencia; el Blanco, la religión y el Rojo, la unión. La Bandera es el símbolo más importante, pues nos representa en todo el mundo.

            ¿Por qué hasta ahora empiezo a sentirme más mexicana? ¿Por qué fuera de mi país y no dentro de él? Tal vez sea porque sólo de esta manera nos damos cuenta de lo rico que es nuestro México, por la calidez de su gente, sus desiertos, bosques, valles, mares y sobretodo por su cultura. Cultura, que sólo algunos países gozan el privilegio de poseer.

            Mi México tiene una gran Historia, llena de riqueza; basta sólo conocer la leyenda de nuestro Escudo Nacional, ésta da testimonio de la grandeza de su pueblo y sus raíces.

            Hasta ahora sé que el águila para los Aztecas simbolizaba el Sol, mientras que la serpiente representaba la Noche; que había un dios de nombre Huitzilopochtli, quien les anunció que fundaran su ciudad donde encontraran como seña a un águila postrada sobre un nopal, devorando a una serpiente. De tal modo, que los Aztecas no descansaron hasta encontrarla, siendo en el año de 1325, fundando la gran Tenochtitlan. Esto revela el fervor del mexicano, y su resistencia, rasgos característicos de hombres fuertes y perseverantes.

            Es increíble, pero únicamente estando tan lejos hasta he llegado a extrañar las intransitables calles de la Ciudad de México, su conglomerado metro por las mañanas, los tianguis con sus comerciantes ambulantes, los puestos callejeros con un sinnúmero de antojitos mexicanos… Bien dice el dicho: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”.

            Es tarde y me tengo que dormir; mañana iré a la escuela a convivir con jóvenes que poco entiendo, que no tienen mis costumbres, ni mi cultura.

            Ayer se rindió homenaje a su bandera, admiro el fervor con que lo hacen, el respeto que muestran ante sus Símbolos Patrios y mientras ellos cantaban con júbilo la Marsellesa, yo en silencio entonaba “¡Mexicanos al grito de guerra! ¡El acero aprestad y el bridón, y retiemble en sus centros la tierra, al sonoro rugir del cañón!”

 

 

Octubre 1998

APRENDER A AMAR A MÉXICO

 

Era de noche, había sido un día tranquilo. Cerca de las once veía el noticiero, en el cual anunciaron que México tenía conflictos sobre pobreza, educación y economía, cosa que me preocupó. Al dormirme soñé…

Un día radiante, estaba yo en el cielo, sí, en el cielo con profundo azul claro y sus nubes blanquecinas de diferentes formas, reflexionando acerca de lo que escuché; ví a un niño que venía cansado y parecía desde lejos un indígena porque traía morral y señas particulares, que lo caracterizaban como tal. El niño gritaba: -“¡Tengo hambre! ¡El campo ya no produce! Además, no sé leer ni escribir, ¿cómo buscar un trabajo?”-

El muchachito estaba totalmente decepcionado de su vida, yo no podía creer lo que el niño decía. Eran verdaderas las noticias que pasaron en la televisión, pero con una diferencia, el indígena lo decía enojado, con furia y pena; en el noticiero lo comunicaron tal vez con un grado de preocupación, pero no tanta como la de él. La verdad estaba desconcertada, no sabía a quién hacerle caso, pero lo que más me dolía, era que en las dos situaciones se decía la verdad, aunque fuera con mucho o poco remordimiento.

El pequeño, sentado en una nube gritaba: -“¡No sé ni pa’que sirven tantas cosas que tiene México, como la Bandera que unos hipócritas honran sin quererla!”- Sentí un escalofrío bárbaro por todo el cuerpo al oír aquellas palabras, que en realidad hablaban muy desanimado de la Patria.

Entre las nubes, muy lejos de nosotros, ví cómo un pedazo de tela se movía, al acercarme, no té que tenía colores, difícilmente llegué a distinguirlos, eran: verde, blanco y rojo. Al llegar el trozo de tejido hasta donde estábamos sentados logré ver a nuestra Bandera, con su asta muy recta y sus colores radiantes; el verde era luminoso como el de las hojas de los árboles de la Tierra; su blanco, verdaderamente hermoso, se confundía con el de las nubes; el rojo, tan profundo como la sangre que derramaron los Aztecas y en medio del blanco la Leyenda hecha realidad.

La Bandera se encontraba frente al niño y ésta le dijo: -“¿Por qué hablas así de mí? Yo casi te he dado de comer, no tienes derecho a hablar de esa manera. Como dices, es cierto que hay falsos que me vanaglorian sin quererme, pero no seas uno de ellos, quiéreme, porque aunque no comas, o siempre te aceptaré como mexicano?”- 

La criatura le dijo: -“Entonces aquellos falsos no deben llamarse mexicanos, pero sin embargo todo el mundo les dice así.”- Nuestro Lábaro Patrio escuchó atentamente las palabras del campesino, que por cierto era el más pobre de México.

En eso, con mucho miedo, me atreví a hablar: -“Amigo mío, sólo te diré unas palabras: El mexicano no es sólo quien nace o se cría en nuestra Nación, sino quien la quiere, reconoce su historia y hace un esfuerzo por sostenerse. Estoy segura que a pesar de esas decepciones que tienes tú de él, yo sé que lo quieres, porque al ver a los Voladores de Papantla o al escuchar el Jarabe Tapatío, dices ¡Ese es mi México! Ya que tenemos una cultura envidiada por países desarrollados en tecnología y economía.”-

La Bandera me preguntó: -“¿Y tú, de dónde leíste esas palabras tan hermosas?”- Riéndome entre dientes, contesté: -“Por favor, Bandera amada,  no las leí de ningún libro, lo único que hice fue sentirlas con el corazón. Por eso te digo compañero, que no necesitas leer o escribir para amar a México, a tu Patria, sólo debemos comprender la Leyenda ensamblada en esa franja blanca, para entender la grandeza del pueblo mexicano.”-

A todo esto, el indígena escuchaba mis palabras y las de la Enseña Nacional, pero cuando dejé de hablar, éste replicó: -“¡Yo lo que necesito es comer, no amar a México!”-

La Bandera y yo nos quedamos pasmadas, ante sus palabras; cuando llega gritando el Escudo Nacional, gallardo y vanidoso: -“¡Para poder comer, indígena, primero tienes que conocer la gran Historia que empapa a nuestro país y gracias a ésta eres un ser libre!”-

El Escudo le contó al mexicano, la Leyenda de Tenochtitlán, que se supone que todos conocemos. A éste le gustó mucho, pero sin embargo, volvió a replicar: -“¡Lo que quiero es comer, no amar a México!”-

Cuando me dediqué a tomar la palabra, no sé qué pasa pero de repente, se abre la nube en la que estábamos, de donde se veía el gran territorio mexicano. Yo, con temor a caerme, me sostuve con una mano de uno de los nopales del Escudo Nacional, estaba demasiado alto, y cada vez el abismo era mucho más grande, solamente me sujetaba el nopal para no caer de la nube, y así no perder la vida, aunque sólo fuera un sueño.

Mi mano estaba ensangrentada y sentía mucho dolor, la única solución que tenía era despertar. Pienso que el dolor o el pánico me hicieron reaccionar. En la mañana, noté que en la palma de mi mano derecha tenía un agujero angosto, lo curioso era que no me dolía, aunque tenía poca sangre, ya seca. Quizá eso repercutió en que en el Escudo sobre uno de sus nopales se ve una curvatura.

Me impresioné tanto de este sueño que decidí escribirlo, para no olvidarlo, y compartirlo con alguien más. Lo que más me gustó de éste, fue que concluí algo muy importante: para ser mexicanos tenemos que “Aprender a Amar a México”.

 

Octubre 1997

Rumbo al  5 de julio

Acabo de leer el artículo de Denise Dresser, titulado “Aspirar a Más” donde expone y apoyo lo que dice José Antonio Crespo que “Votar por el partido menos malo, equivale a comprar la fruta menos podrida”. El problema en México radica en que nos hemos mal acostumbrado a lo menos peor y es triste en realidad; porque tenemos esa tendencia a aceptar lo que nos dan sin exigir lo que realmente uno quiere. Y esto no es de ahorita, ¿cuántas veces no nos ha sucedido que como consumidores que somos, compramos algo y esto no es lo que esperábamos? y nos quedamos callados, no lo decimos; si es algo de comida no lo comemos pero no regresamos el plato, si es algo de ropa no lo usamos y terminamos regalándolo, si es un servicio, decimos “Ay qué flojera poner una queja”.

Ser exigente en México es un defecto como sacar diez en la escuela y ser de cuadro de honor. Sí claro, eres adorado por todos los maestros pero odiado por tus compañeros, quienes te condenan a pasar el recreo aislado porque eres un “ñoño”. Igual pasa cuando nos volvemos exigentes, pues la gente te cataloga como “sangrón” y menos caso te hacen. Tal parece que tienes que aceptar que lo que te den; tal parece que tienes que vivir aceptando lo que la mayoría acepta, y no estoy de acuerdo. Mi inteligencia no permite que si no hay de otra tengas que “comprar la fruta menos podrida”, mejor no comprar nada ¿no? y ¿qué hacer? ¿morirse de hambre? Tampoco.

 

Exigir te hace ganar muchos enemigos porque lo relacionan como si fueras una persona merecedora de lo mejor. Volvemos a lo mismo. Sentirse merecedor de lo mejor también es un defecto en México, pues seguramente la gente de poco espíritu lo asocia con la altivez, la petulancia, la presunción. Pero en este texto no me refiero a “sentirse merecedor de lo mejor” en ese sentido, sino a la recíproca aportación que debemos recibir los usuarios, los clientes, los ciudadanos. Recíproca en la manera en que siempre he creído que el ciudadano y el Estado son un binomio mas no una relación de cliente o usuario.  

 

Igual y habrá personas que sí son exigentes y que sí se sienten merecedoras de lo mejor, pero en su mayoría he constatado que en México estas prácticas no son realizadas y mucho menos bien vistas, o también no atendidas de tal manera que ya para qué le intentamos y nos quedamos así. Habemos de esos pocos mexicanos que regresan el plato en el restaurante si la comida está fría o que no le pagan al taquero porque el taco no les gustó o que piden que se les devuelva su dinero cuando un servicio no es satisfactorio o que le reclaman al taxista cuando no les está cobrando lo justo o que ponen una queja o piden hablar con el gerente cuando el empleado los trata mal. Hay que exigir simplemente porque queremos establecer una reciprocidad: si yo pago quiero tener el beneficio por el cual pagué; si yo voto por un partido político, quiero tener el beneficio por el cual incliné mi voto a éste; si yo pago mis impuestos quiere tener servidores públicos que trabajen para mí.

 

En México no exigimos porque ya nos acostumbramos a no hacerlo, porque no nos sentimos merecedores de lo mejor; bien piensan muchos que “Más vale malo por conocido que bueno por conocer” y ¿por qué no pedirle a ese malo y conocido que se haga bueno? O “Más vale un mal arreglo que un buen pleito” y ¿por qué me tengo que conformar con un mal arreglo? pues si es arreglo se supone que tiene que ser bueno ¿no?  Es por la misma razón por la que no demandamos al policía que nos extorsionó, por la que no levantamos un acta cuando nos roban algo, por la que no establecemos un juicio ante una compañía que no nos da un servicio de calidad. “¡Qué flojera!” dicen muchos “mejor así, ahí que quede”… y ese “ahí que quede” nos a arrastrado a lo que tenemos hoy como país donde políticamente los gobernantes no cumplen y los partidos políticos no representan una opción que nos convenza.

 

Esta costumbre de no exigir probablemente venga desde el subyugo de nuestros antepasados, que por La Conquista se hicieron obedientes y se acostumbraron a que siempre les decían que eso era lo que tenían que aceptar y no hay más. Esa visión conservadora de ver las cosas, donde todo tiene un solo lado y una sola opción, donde se cree que las cosas son así y no pueden cambiar, donde se convencen diciendo “Aquí o te aclimatas o te aclichingas”, donde te quieren tener atado de manos porque si exiges o reclamas tus derechos puedes perder más bajo amenaza o bajo condiciones. Ya no estamos en esos tiempos de yugos anquilosados.

Los políticos también ya se acostumbraron a que no se les exija, a que después del periodo de elecciones se pierdan en el abismo y no rindan cuentas de qué hacen o qué propuestas tuvieron. ¿De qué nos sirve el IFAI si es un mínimo porcentaje de mexicanos que lo consulta o que está interesado? Y el desinterés o la desinformación no provienen de la indiferencia. Al mexicano por supuesto que le interesa lo que sucede en su país, nada más que muchos se sitúan diariamente entre la disyuntiva de: comprar el periódico o comer. Hay necesidades primarias qué satisfacer y tal sólo el 4% de la población tiene la educación suficiente como para ser personas que puedan estar informadas.

 

Para desacostumbrarnos de votar por “el menos peor” hay que primero empezar a hacer lo que debemos hacer y entender la idea de ser unas personas exigentes, no sólo con lo que nos rodea, sino con nosotros mismos, eso nos da para aspirar a más como dijera la Sra. Dresser.

Entonces ¿qué hacer? 

En primer lugar, ANULAR EL VOTO NO ES UNA OPCIÓN, bien diría José Woldenberg no se cambia nada no haciendo nada. Sin embargo, tampoco se cambia nada haciendo lo mismo, o como decía el sabio Einstein “No esperes resultados diferentes si sigues haciendo lo mismo.” Anular el voto y votar por el “menos peor” nos lleva a lo mismo porque no es suficiente para exigir. Si anulamos el voto o decidimos por el abstencionismo, será un buen punto de análisis para las empresas encuestadoras y analistas políticos pero para los candidatos o los partidos o los funcionarios, dará lo mismo mientras ellos sigan ganando o sigan manteniendo su puesto. Ahora, votar por un partido que no nos convence siendo el “menos peor”, lo hará mantenerse vigente, mientras tenga su 2% como lo avala el COFIPE, ya la hizo.

En segundo lugar, ABSTENERCE TAMPOCO ES UNA OPCIÓN es como dejar a los demás que elijan por mí y eso también es sacrilegio en mi punto de vista. Mientras que tengamos a la democracia tan subestimada pensaremos que nuestro mayor logro es haber escogido el gobierno que queremos, y tampoco sucede así.

La última opción es VOTAR (o cambiar de sistema político por otro que no tengamos que hacerlo, diferente a la Democracia), el problema aquí radica en otra mala costumbre que tenemos los mexicanos pues votamos por el partido y no por la persona, ni siquiera conocemos al candidato y esa es la tarea que nos toca a los ciudadanos: INFORMARSE y no perderles la pista para EXIGIR cuando estén en el Congreso y más ahorita que todos los candidatos están ávidos de convencer.

Así que infórmense, revisen quiénes son, de dónde vienen, cuáles son sus propuestas y hagan una evaluación por lo que más les atraiga. No creo que todos sean personas malas que sólo quieran el poder por el poder o por la dieta que reciben o porque de ahí les espera el Senado o una Presidencia Municipal, aún creo que hay ciudadanos en la vía política que quieren hacer bien las cosas, y están convencidos a hacerlo; hay muchos candidatos jóvenes y mujeres que vienen en esa nueva ola del “compromiso”, pues es ahí donde tiene uno como elector que buscar la alternativa que mejor le parezca y si no hay ninguna, acercarse a la que más para proponerle y expresar qué no nos parece, para exigir porque somos personas que merecemos lo mejor.

 2009


MIS PALABRAS EN …

DB

Este blog tiene como mero propósito expresar mi opinión sobre temas que son de mi interés, mismos que van desde la política, la ciencia, los deportes, las artes, la pareja, los sentimientos, hasta las cosas más superficiales como la moda, programas de TV y la astrología. En fin cualquier tema en donde me vea involucrada y que necesite una reflexión sobre el mismo. Trato esta ”necesidad” como algo imprescindible en la vida del ser humano, que siendo un ente social no podemos quedarnos aislados sino que forzosamente interactuamos, no importando las distancias, las soledades, los idiomas, las ideologías, las culturas, las fronteras, no importando si estamos en una isla desértica o en el país más pobre, todo gracias a Internet.

COMENTARIOS DE LECTORES

alejandro en ¿Por qué no debe…
Cristian en ¿Cómo dejar de amar a la perso…
Fi en ¿Por qué no debe…
bethzorely rodriguez en Qué sucede cuando decim…
bethzorely rodriguez en Qué sucede cuando decim…

¿QUÉ ESTOY PENSANDO AHORA?

Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirte a este blog, y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo.

Únete a otros 214 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: